sábado, 18 de septiembre de 2010

La Patria


Baje a La Patria. He vuelto. Cuatro semanas de navegación reposada. Al sur lleno de preas y turistas. La Patria, con mayúsculas, es esa cosa que usted debe amar. Dicen los libros de formación del espíritu nacional, viejos o modernos. Que usted no sepa muy bien lo que es, no importa. Ellos, los que se nutre de La Patria, ya se encargaran que lo sienta cuando juegue la Roja, gana Fernando, o cualquier otro acto heroico de los juglares y titiriteros modernos. Le regalaran una erección potente que deberá pagar a su debido tiempo. ¡Nada es gratis en la vida, hermano!
Los viejos anarcas odian las patrias. Las del capital. Modernos avant la letre, nos contaron que teníamos que ser cosmopolitas. Solo sirvió para ser fácilmente derrotados, ya que defendían la abstracción del concepto en vez de la vida de sus tierras.
Se equivocaron. La Patria es la infancia, decía Savater. Antes que le menguara el cerebro. Cuando no reivindicaba la tortura del toro ni legitimaba el exterminio cultural de los pueblos ibéricos por el imperialismo español. También se equivoco. La infancia es un recuerdo falso, fabricado a base de la memoria mentirosa. La infancia que tenemos en el recuerdo jamás la vivimos. Haga la prueba, vuelva como yo y toque. No hay nada. No hay nada, no se encuentra. Nadie sabe de ella.
La Patria, la infancia, estaba llena de preas que hablaban el idioma de los otros que han hecho de ellos. La Patria estaba llena de toreros, horteras plagiadores en una tierra que siempre trato con mimo a los animales. La Patria abandono colectivamente en panteísmo en el que milito siglos para arrojarse a la nada del todo vale.
¿Es el progreso televisivo? ¿La falta de cultura? ¿La incapacidad manifiesta de la elite? ¿O padezco, simplemente el síndrome de Ulises? Mientras lo repienso, me refugio en mi puerto nórdico, donde al menos a los corruptos se les expulsa del paraíso.

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