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domingo, 6 de enero de 2013

Wegen o Compostela: El mito de "libre de vehículos"


Hay unos cuantos pueblos de los Alpes que venden a destajo, y cobran, el uso de una naturaleza sin vehículos. Aire sano, dicen.

No son únicos. Hay algunas ciudades europeas que han peatonalizado algunas zonas de los centros antiguos.

Hay algunas, pocas, que lo cumplen con cierta militancia. Murren en Suiza, Pontevedra en Galiza; por ejemplo. En otras el riesgo de ser atropellado por un energúmeno es grande: Santiago de Compostela en Galiza, Wengen en Suiza.

Podría citarles mogollones de lugares que me he ido encontrando, pero no. A lo que vamos es a la pregunta simple: ¿Por qué en un lugar funciona y en otro no? ¿Por qué el algún lugar funciono y en otro ya no?

 Sí, eso, la presión del local cosmopaleto que siempre acaba asesinando la gallina de los huevos de oro. Es infalible. Comienzan exigiendo al señor alcalde más de todo, para atender sus comercios. Suelen ser los que peor andan, no por falta de atención del público si no por incompetencia del que lo atiende. Acaban manchando de mierda el blanco impoluto. Cuando se lamente el retorno es imposible. Las gallinas muertas, les aseguro, jamás dan huevos

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El señorito Beiras Torrado: Historias de Compostela


Hace tiempo, mucho tiempo, soportábamos una noche si y otra también al Sr. Beiras Torrado. Se dejaba caer en la mesa del  Derby donde mientras pontificábamos sobre la revolución pendiente y las piernas insuperables de Cristina, bebíamos los cafés que nos servía Arsenio, camarero de casta. Lo trajo Luis Mariño. Amigo penitente que consumía sus excelentes neuronas bebiendo litros de cualquier alcohol embotellado. Hacían la perfecta pareja. La armónica presencia de dos fracasados. El uno alcoholizado para seguir sufriendo por el abandono de su ninfa. (Mujer inteligente que harta de sus golpes y deslealtades se fue a vivir la vida con el arquitecto de su futuro.) El otro, abandonado por el pueblo que no se entero que era el redentor a votar, consumido por el Anafranil que le recetaba el psiquiatra de la Rosaleda.
Una noche si y otra también, el señorito Beiras en su monologo narcisista pontificaba lecciones de estrategia imposible. Mariño, leal y servidor amigo, tanto le ayudaba a bajar por la cañería del desagüe antes de que lo pescara el poeta transigiendo la moral, que le decía en la cara que era un puto plagista de los intelectuales franceses a los que escucho cuando fue a dar una vuelta por la filmoteca de Paris. Lo ultimo dicho con envidia.
El señorito Beiras fumaba sus Winston de contrabando, uno detrás de otro, mientras se mordía las uñas con pasión compulsiva. Dejamos de aguantarlo cuando se nos hizo insoportable escuchar el discurso narcisista del cisne herido. Aquel tipo solo quería un público pasivo que aplaudiera su discurso de citas y frases deslavazadas.
Yo abandone la infancia y el siguió su camino de héroe.
Veintitantos años después vuelvo, de visita en Compostela, a ver y leer sus hazañas. Senectud aparte, nada ha cambiado. Sigue siendo el mismo tipo egocéntrico de siempre, pontificando con la misma lírica trasnochada que como decía un oyente a mi lado “eu non entendo nada do que din pero que ben fala carallo!”. Hará cualquier cosa por seguir en el papel de héroe. Aquel rol que, repetia suegro y apaludidores, era suyo. El actor principal al que le robaron el plano los joputas andaluces apoyados en los marcos del capullo de Willy Brant. Aquellos españolistas feroces que atacaban la patria. Hoy, ¿qué importa?, se firma lo que sea que la patria esta en peligro y yo voy a liberarla.
¿Lo que más nos duele? Que el de Serantes tenga razón. ¡Señorito Beiras, por no derrotar a tu ego has traicionado a la infancia! Lo mas grave es que los que te adoran como becerro de palleiro, que no leen a los clásicos, no se han enterado que tus conductas destructivas figuran en todos los libros de psicopatologia. Es el comportamiento clásico del narcisista patologico que arremete con venganza sanguinaria contra todo aquel que en su opinión no ha aplaudido demasiado. 

Sigue con tu intento de demostrar al pueblo lo que vale un peine. El diagnostico, para tu desgracia, es el mismo que Nogueira te dio hace mucho, mucho tiempo.

La anarquía de los descerebrados: Historias de Compostela

 
 

Viajar da para mucho. Te protege de la demencia. Dicen. Te cura la estupidez. Siempre.
Ahí pone: No plantes una árbol. Quema un coche. Se quedo tan tranquilo. Acto revolucionario. Anarquismo frontal. “Dícese de cuadros progresivos de demencia que se producen por atrofia del lóbulo frontal…etc,etc".

Cualquier calculo rápido de lo que cuesta plantar un árbol frente a la reparación de los desperfectos originados por la quema de un coche lleva a la misma conclusión: vence por mayoría rebosante el plantar ciruelos. Para esto no hay que ser inteligente. Simplemente hay que pensar. Eso se lleva poco en las tierras fronterizas.
A Compostela llegan tribus de todo pelaje atraídos por la masa. Visto lo que se lee en los muros hay mucho desquiciado suelto. Algunos, cínicos, mantienen que los autores no han llegado. Son los de dentro. Argumentan que visto el panorama de señoritos que unen desuniendo para sentarse en las sillas del chupeteo, es defecto de la raza. ¿Usted lo sabe?


sábado, 11 de agosto de 2012

La toma de Compostela por los automóviles: Historias de Compostela


Pasear por las Rúas compostelanas  empapándose de granito se ha convertido en un acto heroico. Lo que tras muchos años de lucha se había convertido en un refugio para peatones vuelve a ser pasto de descerebrados en sus vehículos. ¡Vaya espabilado si no quiere visitar de paso el Hospital Clínico Compostelano!
La ciudad vieja se ha convertido desde que tienen nuevo alcalde ppepero –una vez retirado al anterior, de la misma tribu, por mangancia tributaria- en parque libre donde circulan a velocidades prohibitivas y a todas horas taxistas, repartidores de cualquier paquete o botella, los políticos de la misma cosa, los autorizados que son todos los de la clase “yo soy importante”. Los atónitos peregrinos después de hacer millas todavía no se lo creen. ¡Apártate chaval que ese joputa te lleva por delante! ¿Pero aquí pueden andar coches? Los que tu quieras.
La pequeña burguesía local no pudo resistir que el primer alcalde socialista de la democracia, Xerardo Estévez, arquitecto viajero, cerrara el parque de piedra. Se le amotino el comerciante cosmopaleto al grito de que los iba a arruinar. Arruinar arruinaron. Pero el verdugo fue otro. Las grandes superficies comerciales que tanto priva a los hispanos. Otra historia para otro día.
Desde aquella siguen en guerra. El coche hasta la puerta de la casa aunque la carga no pase de una riestra de chorizos. Si las policías varias patrullan en sus carros, que andar a pie es muy cansado, que menos el pueblo señorito.
Explicarles las ventajas del granito libre es un sinsentido. Cuando no se quiere oír no hay mensaje que entre. Usted ya sabe. Ponga el oído si va a Compostela. ¡Que no lo transformen de peregrino en difunto! Ya sabe que esos galaicos extraños se pirran por las cosas de los muertos. ¿Sera eso?

La tortilla de Cacheiras: Historias de Compostela


La última vez que anduve por allí fue hace más de 15 años. Antes. En los 80, íbamos y veníamos en el Seat 600 semana si y semana no. Dando tumbos por aquella corredoira que te llevaba a la casa donde hacían la mejor tortilla de Compostela. Costaba nada. La acompañabas de ribeiro tinto con gaseosa La Pitusa. Mojabas el pan en el huevo huevo.
Pasabas por alto que el dueño era un franquista. Lo sigue siendo. Más viejo. Disfrazado de alcalde popular se dedico a meter la mano lo que pudo mientras exhibía los escapularios romanos que tanto gustan en Compostela. Hasta que los nacionalistas gallegos del BNG lo echaron a los biosbardos.
Lo acaban de sacar en la BBC. El tipo puesto de traje y corbata. Presume de seguir como siempre. Allí fuimos a comprobarlo. A tratar la nostalgia.
Corredoira ya no hay. Me la han destrozado. Ya se encargo el tipo ese de que la autovía que le hicieron sus amigos como pago de la recolección de votos llegue a puertas de su casa. Un éxito de planificación. Una autovía. Unión de Compostela con la tortillera. Así están arruinados.
La casa sigue donde siempre. Como siempre. El personal atento y rápido como en sus días. El vino igualmente de bebible. Ya no hay Pitusa. La tortilla ya no es lo que fue. Se murieron los huevos de gallina para pasar a otra cosa. Conste que se puede comer. Con gusto. La carne asada del domingo sigue siendo excelente. Compite entre los parroquianos con la tortilla.
Hay otros cientos de sitios para ir. De tortillas, en Galicia, en Betanzos. Solo me queda la pregunta que no tiene nada que ver con la manduca: ¿Cómo consiguió que le hicieran una autovía justo hasta la puerta de su casa?

miércoles, 18 de julio de 2012

Historias de Compostela: El robo del Códice Calixtino


Ahora que de casualidad descubrieron donde estaba escondida la primera guía de viaje del Camino, nos van a dejar sin contar “el resto”. El resto, como siempre, es lo más importante de la historia. El núcleo central del argumento. La motivación intrínseca que diría un psicoanalista porteño.
No me acusen de pesimista que para muestra un botón: En la hoja parroquial madrileña que consumen los hispanos se nos han descolgado este fin de  semana con uno de los artículos mas leídos del momento. La autora no se entera. Le falta memoria histórica. Sin eso, oiga, no se puede ir a ningún lado.
Los que tenemos Compostela como patria, lea infancia, sabemos que la historia va por otro lado. Por mucho que nos quieran vender el cuento raquítico y cutre del electricista mostrenco encabronado con el Deán incompetente. Pero ya saben ustedes que siempre hay  dispuestos a la eyaculación mental con historias como “El nombre de la rosa”, sin ver que a la vuelta de la esquina las hay mejores.
Compostela, de siempre, esta regida por los cuervos de casulla, el rector magnifico, y los catedráticos de medicina. Como comparsa, actuaban los señoritos disfrazados de concejales. La pequeña burguesía arribista que tomo el poder, pero no ejerció durante siglos, bajo banderas múltiples. Hasta el día de hoy.
Los guías clásicos, ya no quedan, se lo explicaban a los pocos turistas antes del periodo fraguiano: al frente la catedral, a la izquierda el hospital (hostal), a la derecha la normal (palacio de Fonseca, sede de la primera universidad), a la espalda, como corresponde, la consistorial. Hasta hoy llegamos sin cambios.
Según la tradición cristiana, la ropa sucia se lava en casa. Que la aireen, no. No se lleva, no es de buen gusto, no place. ¡No vean que novelón nos sale! Un patán como el Deán, jodiendo con sus declaraciones sin ton ni son los pasos del sabueso policía que descubrían que los gallegos eran tipos raros ya que con tantos millones en el trastero en vez de irse de putas a Bahía sigue con Maruxa y su viejo Xantia. ¿O será el Deán un “fillo da puta” que declaraba a puesta para confundir? ¿Si metiendo la mano en el peto para las animas se acumula tanta plata, cuanto se llevaba el Deán? ¿Si después de tantos años de trabajo compenetrado llega el cabreo, cuantas ganancias santificadas tuvo el gallego raposo?
¿No me diga que estas simples preguntas que se escuchan en boca de cualquier parroquiano en las tascas de Compostela no da para jugosas historia? Mucho más que llamarle al electricista “fillo de tolo”, o mentarle un trastorno de personalidad tipo A según la Clasificación de las Enfermedades Mentales de la Sociedad Americana de Psiquiatría. Por menos, en América, te llevan al juez andar poniendo diagnósticos sin licencia.
Pues nada, sigan atentos aunque presiento que no les contaran nada. Ahora mismo la historia va entre el juez neurótico que azuza el caso, la curia que exprime los contactos al máximo para taparlo, el interés de hacienda somos (casi)todos,  las preguntas respetuosas de la burguesía en la prensa local  por aquello de incordiar, el silencio digno y erudito de la Universidad que hoy no sabe de libros viejos….
Si quiere enterarse, viaje a Compostela. Busque el Suso, no tiene perdida, el bar mas conocido de Compostela, a mano derecha, a la entrada de la Rua do Vilar. Allí le contaran la historia entera, de pies a cabeza. ¿Porque la lechera se vengo del cardenal a través de la mano de su hijo electricista proletario jodiendo al Deán estafador que ponía marcas mientras que en sus sueños de poder leía la guía Calixtina que, ya se habrán imaginado, no describe el viaje a Compostela si no donde esta el autentico tesoro del Santiago trapero que llego a Iria Flavia en barca de piedra escapando del acoso de los sarracenos a los que les había estafado tras agenciarse los dineros de la gran reunión de los Apóstoles precursores de “a costa e nostra” mientras manducaban “cabrito ao espeto”




martes, 17 de julio de 2012

Compostela como parque de atracciones


La última vez que estuve en Venecia se me cayó el alma a los pies. Habían matado la Republica. Convertido en parque de atracciones por tenderos y cuervos, los turistas deambulaban sin otro destino que el que les marcaba las guías que todos llevaban a mano.
La vida había desaparecido del centro. Solo comercios que  venden abalorios traídos de China, restaurantes ulcerativos,  casa de moda para  ricos enfrente al hotel para ricos. La Academia como circo, los trasatlánticos cargados de viejos americanos atracados en el centro… como substitución de los viejos venecianos expulsados de sus casas al negarles las facilidades de la existencia. Para no volver.
La misma sensación de desasosiego te entra si hoy vuelves a Compostela. La de siempre. La misma alianza de tenderos y cuervos en el poder destrozan la ciudad de siempre. Acabará como Venecia. O peor, ya que Compostela con tanto peregrino andarín se ha convertido en el destino del turista del bocadillo. Ese, el que los bares anuncian a bombo y platillo: Bocadillo  “del peregrino” a 1,80. ¡Imagine lo que comen!
El invento Compostela de la época actual fue pensado en una servilleta de papel en el bar Camilo, un clásico compostelano refugio de la derecha y derechona, no confundir, local. Allí entre copas de albariño y amandi el sr. Portomeñe, a la sazón consellerio de Manolo Fraga, ideo el evento. Los cuervos eclesiásticos se apuntaron con pasión al invento. En aquellas épocas la catedral se caían de soledad y mal de la piedra y el plan prevía sustanciales ganancias de salir bien la cosa. Sin riesgos.
Los políticos locales, capitaneados por los señoritos socialistas hicieron lo mismo. Aquello solo podría aumentar las inversiones en la lucha de Compos Capital contra la Coruña puesta de rodillas.
El invento fue formidable. Funciono de maravilla. Todavía no me explica como no se ha levantado una estatua al Conselleiro, que es lo que corresponde.
El dinero fluye, hoy por la crisis menos, por las rúas de Compostela. La ignorancia también. Están asesinando la ciudad. ¿En que se nota? Cada dos metros una tienda de suvenires hechos en China. Cada medio un bar, una tasca, un restaurante, una cafetería, una pensión. Ya no se vive en las rúas graníticas de Compostela.
 Antaño, entrando en la Rúa do Vilar, el eje de la Compostela de siempre, tenía usted a mano izquierda tres librerías bien surtidas. González se transformo en tienda de ropa para disfrazarse de explorador. En la segunda venden abalorios chinos. Solo queda  Atrancos como pieza de resistencia; compensando con la venta de las guías al uso la buena colección de literatura. ¡Que los dioses te conserven el alma librero!
En Compostela ya no hay tiendas de lujo. Las que hubo, que haberlas las hubo, cerraron de golpe. Al turismo de calidad no les gusta la masa vociferante. Los tenderos del barato se quejan que los bocadillos están por los suelos y ni con esas. ¿Quién les explica a estos imbéciles que entre matar el hambre o el gusto por el viaje el pueblo obrero escoge por lo primero?
No sé que recomendarles. Si nunca han ido, vaya corriendo antes de que sea demasiado tarde. Si ya la vio no regrese; so pena de dolerse del alma. Solo queda la idea aparentemente reaccionaria y elitista de esperar que tras la crisis larga e inmensa los parques temáticos se destruyan con la caída del capital rapiña. La cosa no es nada segura. Es mas, es improbable. El hombre es el único animal que da dos y cincuenta veces en la misma piedra. Por mucho bastón de peregrino que se use para no caerse.






viernes, 5 de noviembre de 2010

Viajar a cuenta del prójimo es de gorrones, aunque seas Papa


Los que vivimos en el norte de la Europa racional, somos incapaces de comprender como un estado en crisis profunda, con miles de parados, y muchos más mal pagados en la pujante economía sumergida, se permite el lujo de tirar por la borda miles de euros en la visita de un gurú en declive.
Lo del gurú hay quien lo discute. No sé por qué. No se diferencia nada de cualquier iluminado de cualquier grupo de pensamiento irracional que los humanos angustiados, los humanos iletrados, fabrican. A no ser de que hipócritamente se capitalice el discurso con sinónimos de mayor alcurnia en tiempos pasados.
El declive es incuestionable. Hoy, en Iberia, solo los curas, mi madre, y tres más visitan las iglesias vacías.
Mi amigo Pepe Bugallo, hoy alcalde de Compostela, que en los años en los que jugábamos a la toma revolucionaria de ese nido de cucarachas encasulladas se declaraba militantemente ateo, nos cuenta que va ha hacer el negocio del año: miles de peregrinos acudirán en masa a gastarse los doblones en las tierras de Compostela, camino, y alrededores.
Es la visión cutre del cosmopaletismo. Esa ideología que comparten los políticos sur europeos con ardor, independientemente del club en el que militen.
El camino moderno, fue un invento comercial lanzado por los hosteleros de Compostela con la ayuda de los gobiernos de Fraga Iribarne y el aplauso del obispado compostelano.
Más tarde se ampliaría a las regiones por las que cruza la senda, que también esperaban chupar del bote. Poco a poco se fue agrandando, con el aplauso de políticos de todo tipo, bajo el epígrafe crear trabajo. Los ayudo el calendario. Coincidieron los años santos, cuando el 25 de julio cae en domingo, en procesión. Por suerte se ha acabado esta diarrea de festividades.
Los caminos hacia Compostela se llenaron de quechuistas españoles. Masas de deportivos adolescentes cerebrales, que enfundados con los atuendos adquiridos en el Zara del deporte, las tiendas de la multinacional francesas Decathlon, marchaban uniformados bocadillo en ristre de albergue en albergue. La manera más barata de ver su mundo, ya que hasta hace poco ni por dormir había que pagar. Dinero dejaron poco ya que jamás lo tuvieron. Consiguieron espantar a los pudientes europeos que no solo venían cargados de euros si no de espiritualidad y cultura. Evitaron que algo se nos pegara. Corrió la voz por Europa sobre las fiestas que se organizaban los sureños, levantado a los mochileros europeos arruinados que ni para ir a Tailandia, lo que aquí se estila, tenían.
Destrozaron Compostela. Este verano ya había que hacer cola en la catedral. Ser registrado como en el aeropuerto. No poder andar por las rúas. Bocadillos de plástico por doquier. Turistas a la búsqueda del suvenir chino. La venta de una Galicia de plástico que jamás existió.
Hoteles medio vacios. Dinero poco. Restauradores trabajando como esclavos para llegar a fin de mes. “Foderon o invento”, escuchabas en boca de los hosteleros de la zona vieja.
Ahora traen a ese gurú encubridor de pecados. Hijo de la Alemania fascista que sigue viviendo a cuenta de los dineros ajenos. Apuestan por la masa del bocadillo. La horda salvaje de los hambrientos del bienestar que jamás tendrán, ya que se han gastado los euros en la parafernalia en vez de emplearlos en darles oficio y beneficio. ¡Paletos del mundo uniros!
Un consejo: Si quiere viajar a Compostela, espere unos años y hágalo en el invierno, en medio de la lluvia atlántica. Quizás reencuentre la Compostela eterna. Eso sí, no se fije en los cientos de bares cerrados. Fue una masturbación mal calculada de los alumnos menos brillantes del colegio Peleteiro

lunes, 12 de octubre de 2009

Mares de Compostela


El mar de Compostela son muchos. Los que pateamos sus ruas cuando no había calles, sabemos que el mar de Compostela está lejos, en Vilagarcia de Arousa. Donde llegábamos en el tren que nos llevaba a la Praia Compostela en tres horas y lo que demande, a falta de algo mejor. Era asquerosa pero había mar. Sin Olas.
Cuando llego el Seat 600 arriesgábamos la vida en las curvas para llegar a Noia medieval. Donde aprendimos el valor de las Vilas, el poder de los gremios, la belleza del cuero curtido… pero allí tampoco había olas.
Muros, era, pero queda tan lejos como Cuba.
Nos trasladamos a Porto Son, sin do, al Castro de Baroña, donde había de todos: celtas, ninfas de Vigo, arena fina, olas de mención. Tomamos la playa y la convertimos en lugar de Compostela.
Hoy, donde llegar al mar incluso en Galiza ya no tiene truco, buscamos el mar entre los muros de granito compostelano y percibimos que debajo del aguacero que nos cae que seguimos donde estábamos: buscando as ondas do mar, meu amor, meu amigo.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Comer en Compostela


¿Restaurantes?, a cientos. ¿Mejores?, muchos. ¿Baratos?, alguno. Vaya a "A Tulla". Siéntese en la terraza del callejón mas estrecho de Compostela, entre la Rua Nova y la Rua do Vilar. Pida un polbo -pulpo- con patacas, croquetas de grelo, requeixon con mel, Ribeiro da casa...disfrute. Le cobraran poco. Le sabrá a mucho.
Y fíjese bien que no aterriza en las sillas de la competencia que, en los pocos centímetros que comparten, opera sin límites claros. Aunque el otro se anuncia como recomendado por la guía del trotamundos, o por eso, no le llega ni a la altura de los pinreles

martes, 6 de octubre de 2009

Volver a Compostela


Volví corriendo a la infancia, la patria, antes de que entre el otoño. Llovía, ¡que raro!, en Compostela.
Se está convirtiendo en un rio continuo de imbéciles disfrazados de peregrinos. No hay que hacerle. Es el gran negocio comercial de la iglesia y los comerciantes de "sitio distinto". Si usted quiere ver Compostela como es, no ande, llegue. A ser posible un lunes en los meses de invierno. No se olvide que el Camino es un invento moderno, sin tradición. Aunque las guías le cuente otra cosa. Antes, viajar era trasladarse. El concepto de la temporalidad rápida no existía en la época en que lo mas rápido era una galopada entre carballeira y carballeira.
De aquella, los que llegaban, traían en su zurrón la experiencia del viaje, las recetas de otras tierras, los ritmos de sus lugares, las canciones que aprendieron, las ideas del otro lado. Y permanecían mientras duraba el eterno intercambio.
Hoy traen todos el i-pod en sus orejas con las canciones que ya aburren de tanto oírlas por la radio. La nada.

domingo, 10 de mayo de 2009

En Venecia, como en Compostela, la lluvia es arte


Acusen me de exagerado. Lo que usted quiera. Pero cada vez que he venido aquí el cielo se convirtió en la catarata universal. Castigo del dios inexistente para pecadores militantes. Tengo la furgoneta en un charco de agua de la que difícil será salir. Disculpa buena para quedarse hasta que seque. Sigue lloviendo a mares y seguimos haciendo kilómetros de iglesia en iglesia. De bar en bar. De café en café.