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miércoles, 3 de febrero de 2016

Imbecilidad suiza: el tren a Jungfraujoch (Top of Europe)



Aunque no se lo crean es verdad. Los siempre sesudos suizos han tirado el dinero por la ventana y gastado los francos en construir el, presumen, ferrocarril mas alto de Europa. Si es el mas, o un centímetro menos no viene a caso. En los meses de invierno discurre el trayecto entre la nieves y el hielo. Sin dejar dudas de que aquel lugar es excepcional.

El tren no tienen destino. Es una inutilidad total. Fue construido a golpe de muertos por un visionario suizo que mas debería llevar el diagnostico de psicótico. Los suizos no lo usan. Los viajeros tampoco. Tiene un precio que solo algún despistado chino o japonés se atreve en sentarse en aquellos sillones de tapiz. Te lleva al frio. Al hielo. Te lleva a donde ni paisaje se ve ya que siempre esta embrumado.

Sirve para las fotos. Todos hacemos postales al renqueante tren mientras empieza la subida cuesta arriba. Hasta que desaparece entre los túneles que han tenido que levantar para protegerlo de la ventisca. Si ya no veías mucho, ahora ves nada.

Alli, en lo mas alto del monte. Estupidez de un mal llamado visionario. Solo consuela una cosa. Lo pagan ellos. No los contribuyentes. Suizos pues.

jueves, 21 de enero de 2016

Las lujosas librerías de viejo ginebrinas



Ginebra es lugar de trabajo para la mayoría de los mortales. Incluso para los esbirros del capital que encorbatados se matan por sobrevivir en el mundo de las finanzas. No piense que porque lleven corbata y cuello de camisa versión aeroplano son todos ricos. La mayoría bajan de los autobuses que los traen de la periferia.

Pasta alli si hay. La suelen tener en abundancia los que vienen de fuera. Esos que se alojan en sus ricos hoteles en la ribera del lago Leman. El pueblo proletario se pasea en el verano entre los lujosos autos que les aparcan hieráticos porteros uniformados de invierno, sin saber que forman parte del espectáculo. Los unos y los otros.

Alli es a donde van la masa de turistas. Esos que no pasan de tomarse una cerveza barata en los cuchitriles del malecón, mientras los parias africanos exhiben sus músculos y las rubias locales los miran con avaricia y sin ganas.



Un error. En Ginebra, viajante, viajero, turista, obrero o negociante, debe patear la zona vieja. Esa que todavía conservan. Emparedada entre el distrito de los banqueros, el Ródano, las calles con  comercios de lujo. Rodeando a la catedral y el viejo ayuntamiento. Con sus galerías, sus casas de subastas, sus anticuarios de rico, sus librerías de viejo.


Las librerías son un caso aparte. Ginebra se hizo rica no por arte de magia ni inspiración divina como suelen creer los educados en la cultura católica. Dios, que no existe, no da ni la hora. El éxito les viene de un cura. El señor Calvino. Un tipo ayatola, reprimido, que vendía una versión pura, ortodoxa, de vivir a base de escornarse y juntar hasta llenar la bolsa vaciando la vida. Tuvo éxito. Llego justo en el momento en que el burgo necesitaba afianzar su hegemonía frente a otros cantones suizos y consiguieron mantener la independencia de la ciudad cantón que Ginebra realmente es. La obligada lectura de la biblia que imprimieron los calvinistas entre seguidores afianzo la lectura entre estos pueblos. Lea acrecentó la cultura. Entreno la capacidad de pensar, Enriqueció las discusiones, el pensamiento.

En Ginebra se sigue leyendo. En Ginebra todavía hay primorosas librerías de viejo que venden joyas de libros a todos aquellos que aman el papel. Ni a usted ni a mi nos llegan los doblones para comprar alli mucho. Pero por mirar no cobran. Por tocar menos. Los libreros suizos son unos tipos educados que atienden a sus clientes. Entra dentro del negocio exhibir lo que venden. Por eso si patea aquellos pagos, deje los relojes de oro y diamantes que nunca va a poder comprar ni tocar, y al menos  contemple los gravados de Le jardín parfume, manuel d’erotologie árabe de Cheikh Nefzaoui en su primera edición de 1886. Prendera muchas cosas sobre sus arrebatos, por ejemplo.




Les Diablerets



¿Sabe usted donde queda? Yo no. Hasta hace unos dias. Ni jamás supe de su existencia. Es raro. Ya que es posiblemente una de las estaciones de esquí mas antiguas del Suiza. Del mundo, ya que alli nació el esquí alpino moderno. Hoy se conoce por su interesante festival de cine de montaña.


Contra el plástico de las  estaciones de esquí modernas con sus servicios y lujos poco tiene que hacer. Les Diablerets es una aldea de madera para los que buscan la tranquilidad. Tiene un bien surtido supermercado. Tres tiendas de material de montaña y esquí. Unos cuantos restaurantes. Dos médicos… Vamos lo que puede necesitar.

Les Diablerets se asegura de una presencia constante de nieve ya que tiene un pequeño glaciar que permite esquiar la mayor parte del año. Pero alli se va a otra cosa. Las travesías con raquetas de nieve lo ha convertido en un de su lugar de peregrinación para los aficionados. Se puede igualmente hacer esquí de fondo o nórdico. Incluso telemark para los aventureros que buscan las nieves vírgenes. Sus bosques de abetos bien cubiertos de nieve ofrecen una relativa seguridad frente a las avalanchas. No como en esos montes pelados de las modernas estaciones.

Llegar alli, con nieve, requiere buen coche y pericia. Unos 20 km monte arriba (piense en la vuelta, mas arriesgada todavía) por una carretera de montaña que en vez de suiza parece mas bien rusa. Los suizos ya sabe usted que lo de limpiar las carreteras de nieve no lo practican mucho fuera de las autopistas. ¿Para que si en el invierno las nevadas son continuas y cuando se vive en a montaña no hay mas remedio que hacerse con un vehículo con tracción a las cuatro ruedas?

Llegamos y volvimos. Se lo recomiendo si lo que le va es eso de patear las corredoiras nevadas. Si además de esto le priva el silencio, el buen comer, un hotel perfecto, sin lujo malayos pero una excelente colección de libros, dirigido por un simpático gx galerista parisino y sus ninfas, incluida Naomi que habla perfectamente todos los idiomas latinos, alli esta el Hotel du Pillon.. No se arrepentirá.