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lunes, 25 de enero de 2016

Los azulejos de la Alhambra




Yo de azulejos no se nada. Ni de donde vienen, quien los invento, donde se usan. Adivino que algo tendrá un toque arábico. Con vena hispano sureña. Se exporto de alguna forma a Portugal que lo convirtió en arte superior. Los holandeses no se quedaron atrás e hicieron autenticas maravillas desde el siglo xvii y lo siguen intentando.

Los he visto de todos uso y colores. Los he colocado en paredes de baño, cocina y hasta mesas. Toda una afición. No crean. Y si insisten le diré que hoy los hermosuras vienen de Valencia o Italia. Lo que hay

Si a usted esto del azulejo le va, se dará el gusto en algunas salas de la Alhambra. No se confunda. Todo lo que alli se ve no es morisco. Ese es uno de los errores del turista, pensar que lo que se tienen delante de los ojos es lo que se anuncia. No es cierto.

La Alhambra como conjunto será de origen árabe, pero fue muy cambiada, estropeada hasta si usted quiere, por la dinastías cristianas que la conquistaron. No les  hablo del bodrio ese del Palacio de Carlos V que rompiendo con todas las normas de buen gusto y medidas acorralo los espacios granadinos. Dentro de los palacios cambiaron hermosas salas de recepciones por capillas o lo que fuera menester llevándose por delante lo que hubiera. No lo insista: un azulejo con cruces no es musulmán. Se lo explican en los libros. Por cierto, ¿de que se trataba? De que fuera hermoso.




domingo, 26 de mayo de 2013

Topkapi Sarayi; Mitos de Istanbul o Estambul si usted prefiere (1)


En cualquier guía que usted lea le dirán que debe poner los ojos en el palacio de los tiranos turcos. Tienen razón. Debe ir usted en peregrinación a maravillarse del lujo acumulado por los sultanes otomanos entre  1460 y la mitad del siglo XIX.

Siempre me asombra que en ningún de estos palacios imperiales se les explique al pueblo como sus antepasados eran explotados con placer. Pero eso es ideología peligrosa, dirán ustedes. No vaya a ser que la idea penetre en los cerebros agotados y se contagie la conclusion.  Lo dudo mucho. Usted ya sabe que al pueblo le va presumir de las gestas de sus tiranos aunque en ello les vaya la vida.

Las vidas de muchos y de muchas están enterradas en el devenir del palacio. Su vida se cabreara de lo que no le cuentan las guías: las colas inmensas para entrar. Están avisados: por muy pronto que usted se levante, abren a las 9, cuando llegue, estará rodeado de hordas de disciplinados asiáticos que vienen a contemplar los diamantes de la bisutería del sultán.

 
Por entrar el gobierno turco le sisa 20 liras por el palacio y ya dentro 15 por el harén. La mitad en euros. Les recomiendo que se saquen un pase para visitar todos los monumentos importantes de Istanbul. Sale, hoy, a 70 liras, 35 euros. Es la opción más económica. Eso sin contar que jamás volverá a tener que ponerse en esas colas interminables que siempre hay.

 No eviten visitar el harén. Es lo mejor del palacio. No se deje llevar por los abalorios de los joyeros que la masa a penas le dejara contemplar. Ojo a la cámara y la cartera que allí no hay lira segura a las manos finas de los ajenistas.

El harén representa el poder de las mujeres y la incompetencia del sultán. Ellas lo derrotaron. Si se sale el inglés pierda el tiempo en leer los textos explicativos. Le situaran la vista a las geometrías y arabescos de los muros en otro contexto.

El resto es patear salas vacías repletas de pueblo, oxigenarse mientras contempla el discurrir de los barcos por el Bósforo, perderse entre los jardines donde todavía hay silencio bajo la sombra de los árboles, pensar que amansaron fortuna y la perdieron. Saber que cualquier tiempo pasado fue peor. Confirmar que el agua es más importante que los diamantes. Repensar que por mucho sultán que fuera en invierno pasaba frio y en verano un calor insoportable. Cultive su dacha pues.

 
 

domingo, 27 de enero de 2013

La inteligencia de los arquitectos medievales: Berna como ejemplo

 

Ciudades que conserven en su centro antiguo el diseño medieval ya casi no quedan. Fueron destruidas por el mentecato de turno, con el aplauso del populacho, en nombre del progreso. ¡No píen! En cualquier parte, en cualquier mundo. Quedan algunas repartidas por ahí. La mayoría de ellas resistieron por dejadez o imposibilidad más que por querencia.

La Compostela mía. Ciudad medieval de trazado perfecto. Aquella que sigue conservando las rúas en las que pasearse sin que el orvallo granítico te destroce el cerebro. Idea genial y sencilla de sus diseñadores. Los que en su tiempo montaban los tenderetes de intercambio comunal como, los que somos viejos, contemplamos en los tiempos que el mercado de ganado era los jueves, como los callos del Xustinho, en la carballeira de Santa Susana.

Frente a los idiotas que se arriman a la epopeya del atraso les citare otra, cuna del progreso: Berna la rica y millonaria. Aquel burgo medieval que cuando se quemó por desidia lo levantaron en arenilla construyendo en todas sus calles soportales en los que montar el negocio, como en todas partes.

Por si le falla la cabeza, le contare una verdad de Perogrullo: los países pobres, arruinados, son los que se caracterizan por el uso masivo del arte de la mangancia. Los países ricos, pudientes, de oro y doblones, son los que se entretienen en el arte del cambio y trueque. A ustedes la elección

Volviendo a los soportales, hoy en Berna, como en Compostela, el pueblo pasea bajo los soportales protegidos de la lluvia, el viento, la nieve. Luego vendrán los del progreso a contarnos no sé qué historia del hormigón armado. El que enferma.

Eso, el progreso, aunque a muchos les joda, señoras y señoras, está en el cultivo de lo viejo. Eso mismo, como los buenos vinos, ¿entiende?