jueves, 20 de octubre de 2011

En Bruselas todavía leen a Foucault


Ya no esta de moda. Muchos no saben ni quien fue. Los mas ni que existió. Hace años era el rey del debate político social del sur de Europa. Aunque hay que reconocer que en el norte, jamás entendieron las platicas del francés. Demasiado barroquismo para el discurso racionalista de los que dos y dos jamás son cuatro.
Lo leímos con pasión. Las palabras y las cosas. La arqueología del saber. El nacimiento de la clínica. La historia de la sexualidada. La microfísica del poder. Disciplina y Castigo. Incluso intentamos olvidarnos de el al sonido de Baudrillard en su Olvidar a Foucault. Nos quedamos con su Historia de la Locura. Aquel precioso libro editado por Siglo XXI. Lleno de mentiras piadosas. Que nos acompaño cuando intentamos vaciar el manicomio. Hasta descubrir que los muy locos, los muy imbéciles, querían que los dejáramos en paz: Quedarse dentro a seguir su vida de enfermos.
Foucault negaba la evolución histórica siguiendo a Levi-Strauss. Siguió manteniendo hasta la extenuación que el poder, ¿o era la sociedad?, necesita proscritos. La posibilidad de que también fuera al revés no se le ocurrió.
Lo adoraron, después, en las universidades yanquis. Hasta que todo el mundo se olvido de el. El nacimiento de la clínica dejo de existir cuando se enteraron que visitaba con pasión los médicos que tanto criticaba ya que era necesario curarse del Sida. Efectos colaterales de la visita de los antros de San Francisco vestido de cuero y sumiso.
Lo derroto la ciencia. No supieron cuidarlo y murió pronto.
Y ya ven, paseando bajo el sol me lo encuentro cubriendo los escaparates de una de las librerias mas bellas de Bruselas. No se si decirles si se les paro el reloj o se han adelantado de nuevo. Presiento lo primero. La evidencia lo confirma. Pero el nos enseño a leer lo que escribió Gilibert en 1772, en su libro l’ anarchie medicínale: “ No trates jamás una enfermedad sin haberte convencido del espacio”. Todo esta en los cromosomas

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