domingo, 1 de agosto de 2010

Duero arriba Douro abajo


La geografía francofascista nos hacia aprender los ríos inmensos de España y sus afluentes margen derecha e izquierda. Empecé a desconfiar cuando cruzando aquella Castilla miserable y ardiente un verano de ya no me acuerdo en el Seat 1500 de mi sr. padre, descubrí que, uno tras otro, de aquellos imponentes ríos no eran mas que regueiros sin agua. El Eume llevaba mas metros cúbicos que cualquiera de aquellos cauces de nombre imperial vacios . Por no mentarles al padre Minho que unía cuando lo cruzábamos a comprar el café de Angola en las tiendas de Fortaleza, diga usted Portugal.
Aprendimos antes lo que era el Douro, la patria del vino, que el Duero, que no nos decía nada, tan lejos, ¿llevara también agua?
Hoy volví a patear por la ribera del Douro. Donde ya no hay la vida que también retrataron los azulejos de la estación del camino de hierro de Porto, Oporto para usted, castellano parlante. Pero queda la esencia tecnificada por la modernidad. En las nuevas uvas, los nuevos vinos, las nuevas cosechas. Los portos eternos. Si tiene tiempo vaya a Porto y mire la costa. Pero no deje de subir rio arriba. A contemplar las terrazas llenas de uva, de vida.



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