domingo, 18 de mayo de 2014

Metáforas de la independencia de Escocia: las carreteras


No se engañe. Bajado del ferry circulara usted por una autovía de firme regular. Encontrara usted incluso tres carriles de vez en cuando. En Inglaterra. Pasada la frontera escocesa, exceptuando el camino de Glasgow a la capital imperial, el resto es pobreza estructural.

En la Escocia de todos los días, no le estoy hablando de culos del mundo, hay cientos kilómetros de carreteras donde solo cabe un coche. Cuando dos se encuentran en el camino, no hay otra opción que recurrir  a los espacios adaptados para el paso. Vea la segunda foto.

Kilometro tras kilometro, acechando al que pueda venir de frente, entre curva y curva, niebla y orvallo. Quedas agotado.

Si usted no usa el cerebro dirá tonterías de tipo hispano imperial: complicada orografía. Eso, oiga, en el siglo XXI no cuela. Cuela menos cuando en la misma orografía, kilómetros mas abajo, en la Inglaterra imperial, les han montado unas autopistas de bandera.

La causa se llama la señora Thatcher. Aquella fascista disfrazada de ultra liberal que dinamito los países de la Gran Bretaña durante unas cuantas generaciones. Todavía lo están sufriendo. ¿Le suena?

Yo también votaría por la independencia. Cuando te juegas la vida todos los días por esas corredoiras de la patria y ves que el mundo se moderniza, solo queda preguntarse qué hacen los mangantes con el petróleo que fluye en el Mar del Norte, etc.

Parece que los escoceses lo van entendiendo. De momento, entre curva y curva, han dejado de creer en que son pobres y que deben estar agradecidos a la caridad del imperio. Queda la esperanza de que algún día los votadores de mi tribu galaica llegue a la misma conclusión. Es de libro: en cada curva del camino hay un bandolero mangante.


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