sábado, 14 de enero de 2017

De vuelta a Barcelona




De vez en cuando hay que volver a los lugares amables. Barcelona es un lugar amable. Donde uno puede pasar media existencia sin aburrirse. Una gran ciudad de dimensiones pueblerinas. Donde la burguesía marca el ritmo sin aspavientos y el pueblo patea la calle sin tomarla.


El peligro, dicen, se han vuelto los turistas. Convertidos en jauría que todo devoran. No sé qué decirles. Este fin de año, cuando anduve por alli, los guiris eran legión. De todo lugar, de toda condición. No siempre agradables. Hay pueblos que no saben beber.

Sin generalizar. Es una constatación evidente. Cuando nunca has visto una vaca no sabes de donde viene la leche. Claro que la pregunta del millón es otra. ¿Si Barcelona es una ciudad cara como se las arregla el pueblo para viajar? La respuesta se llama pensiones ilegales, alquileres no declarados, etc. Entonces recuerdas: ¿Barcelona? ¿Pero eso no empezó como un puerto fenicio?




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