jueves, 17 de junio de 2010

Papas capitalistas, o la otra historia de la capilla Sixtina


Como todo buen turista fui a ver la capilla Sixtina. Lo de capilla es una mentira piadosa. Sus dimensiones son de iglesia de barrio pudiente. Pero todo hay que verlo en proporciones. Comparándola con las medidas eyaculadoras del Vaticano se queda en ermita cutre.
El largo paseo hasta llegar a ella no es más una demostración narcisista del poder de la curia. A los interesados, se les enseña como a lo largo de los siglos aquellos pecadores se hicieron con el poder político y económico de medio mundo.
La capilla es lo de menos. A pesar de su grandiosidad. Una voz congelada intenta que el pueblo observante acalle sus conversaciones ya que “está usted en un lugar de culto y oración”. Inutilidad manifiesta. El pueblo extasiado mira los frescos y dice nada. Los críticos, a golpe de guía intelectual buscan cuales fueron censurados tapándoles las partes. Los enterados, discuten sobre la ultima restauración y los cambios de coloración. Los demás maltratan las cervicales hasta que la masa los empuja.
Les confieso que vi poco ya que con la malsana costumbre que tengo de contemplar al prójimo, estuve ocupado en otros lances.
Lo mejor de la Sixtina no es mirar al techo si no a sus vecinos. Lo que hacían los papas, vamos. Robarle la cartera mientras la visita, extasiada, contemplaba el firmamento

1 comentario:

Anónimo dijo...
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