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jueves, 2 de febrero de 2017

No se fie de los musicos. El ejemplo de Barcelona


La mayoría son ellos. Un misterio ¡oiga! Ya que ellas son legión. No solo eso. Es lo que debe usted cultivar como rosas en flor. Sin una ninfa que no le toque un instrumento no hay vida. Es lo que hay.


Por las calles de Barcelona solo encontré una que con una buena voz se enviciaba con la opera. Lo del vicio es una forma fina de definir el ardor que ponía. Todo pasión. Todo orgasmo. Como siempre, ellas.

El resto era miseria. Bandas de tipos, solitarios perdidos, incluso algún caradura que recantaba cd’s de Placido Domingo sin que le saliese el color. Una forma moderna del deme algo.

Nada les he dado. Los hambrientos que piden estos dias por Barcelona se han copiado el texto y las faltas anunciando todos tener ‘insulina’. Es un mentira más falsa que creerse músico porque posees un instrumento. Merece premio. La música, va de otra cosa: la pasión de tocar



sábado, 30 de enero de 2016

Esto también es Amsterdam



  
Llueva a mares. Sigue la borrasca de invierno, ininterrumpida y por etapas como bien predijo el camarada Stalin. Entrando para joder. El pueblo se queda en casa atado a la cerveza y la hamburguesa. La pizza ya la comieron ayer. Cocido en el norte no hay.

Entre diluvio y diluvio hay quien se arriesga entra la niebla. Que en los canales deja hacer hermosas fotos de melancolía acorde con el invierno. Pero el mundo aquí no se para.

Los turistas que van a Ámsterdam se deslizan en procesión calle va y calle viene. Jamás salen del centro turístico. Extraño ya que Ámsterdam crece y nacen zonas nuevas para vivir que se nutren del entusiasmo nórdico a gran velocidad. El norte de Europa no descansa.

Para muestra un botón. Alli donde ayer fue puerto de cabotaje de Ámsterdam los edificios crecen, los barcos siguen, las jóvenes familias buscan piso para llenar de diseño Ikea. Pero hay mas. El ayuntamiento realiza edificios con talleres a precios módicos para jóvenes creadores. Que funcionan.

Algunos incluso lo aproximan a la perfección. Entre taller y taller una sala de conciertos donde los músicos cobran pudiéndola usar para gravar sus obras. En tarde de sábado, por la voluntad y el precio de un buen vino con salami judío de tapa. Estaba a rebosar.

De fuera parece la vacía asepsia nórdica. Que también lo es. Pero en eso consiste también el arte de viajar. Ver mas allá de las simples paredes.



domingo, 2 de junio de 2013

La gaita turca




Se empeñan en llamarle gaita turca. Es una gaita de Anatolia y Tracia. De ahí viene y ahí se toca. Poco más.

La afición de los pueblos que no son país y si acumulo de tribus por apropiarse de lo ajeno es universal. Lo practican con la pasión nacional imperialista que se imponen. No hace falta viajar muy lejos para verlo. Fíjese usted en los holandeses. Nacionalistas chauvinistas avant la letre. Un pueblo que no es. Que se disfraza de naranja para festejar las mangancias del futbol y el cumpleaños de la reina. Estando en la cumbre del florín camuflado de euro es difícil aceptar que se juntaron en un arenal malsano todos los escapados de la Europa intolerante.

¿Sigue dudando? Mire a los yanquis. Nacionalistas de cañón. El desecho y la miseria europea ayer, hoy latina y asiática, en aluvión. Hay que crear mitos si no hay historia.

España, ese invento de los extranjeros. Ellos son murcianos, gallegos, aragoneses y lo demás. Solo presumen de la patria los que viven de ella: funcionarios, milicones, futbolistas, mangantes. Siguen escribiendo su historia, pero ya saben, el flamenco es de todos y la gaita solo de los gallegos.

En Normandía dicen ser normandos. Los bretones siempre fueron ellos. Los de Paris hasta reivindican ser distintos. ¿Qué más quiere?

Los turcos tampoco son pueblo. Tiempo ha fueron griegos, judíos, armenios, traficantes mediterráneos, campesionos de Tracia, judíos de todos lados, salvajes de Anatolia. Llego un tipo vestido de sultán y les dijo que eran turcos. Se fabricaron un gorro y una bandera. La gaita les fallo. Para eso hay que saber tocar música.

Hoy la gaita de Anatolia se escucha poco. Algún desplazado la tañe en las rúas de Istanbul. Para lo demás hay que adentrarse en la Turquia profunda. Lo que no siempre es fácil. Tiene un ritmo trepidante. Monocorde. Jamás llegara a hacer fortuna. Se quedó como muestra del atraso, retraso, permanente de un pueblo campesino. Cuando les pones una gaita gallega, alucinan. Luego hay que explicarles que el camino de Santiago fue más que un largo camino. La autopista cultural de Europa que llevo de arriba abajo los progresos del centro del mundo. Aunque allí en la meseta todavía hoy se empeñan en tañer acordes de gaita turca.

domingo, 24 de marzo de 2013

Sinfonia con con hembra divina Opus 56


¿Ustedes leen algo serio? Serio. No estas cosas del internet. Ni la eyaculación twittera, ni el canto cisnico del feisbuk. Serio. Online también. Que hay blogs intelectualmente hermosos. Más hermosos que la pornografía editorial. De los múltiples obreros del pensamiento…

Pues si usted lee no se le habrá pasado  desapercibida la polémica que se han montado las hembras nórdicas sobre el uso de su apariencia en la guerra. Lo de la guerra no es mío. Es de ellas. Mantienen, algunas, que están en guerra contra el macho, el hombre, el patriarcado.

Pues nada, resumiendo con la infantilidad del falo portante, falto de matices pero dando con el martillo en el clavo: unas reivindicas vestirse de hermosura y otras, vestirse, eso sí, de lo contrario. De momento creo que ganan las primeras visto el uso que hacen las señoras de los trapos.

A mí, que ni me va ni me viene, o si, me emociona la diatriba. Es oportunismo profesional. No crea. Al día de hoy, soy el único tío que trabaja entre 8 a 10 horas al día entre una masa de féminas, ochenta y tantas. Debería escribir un libro. Contándoles a ellas con son,  "ellas". Creo que podría retirarme.

No crean que es rencor. Me va de maravilla entre tanta prolactina andante. No me quejo. Pero mienten, todas, más que el presidente de mi patria. Que jamás ha dicho una verdad en su vida; el frijolito ese. Ellas tampoco. Nos intentan dar una imagen de las hembras que no se corresponde con lo que ellas hacen todos los días. Que si, que si somos una cosa insoportable, testosterona andante, aventureros e irresponsables, etc, etc. Pero ellas, las tan puras, ¿saben ellas como son? No lo piense.

Conste que el análisis lo hacen ellas. Hoy me explico con un ejemplo una de mis colegas: Las femeninas del hospital se ponen de tacón alto para gustarle a Manolo; reconocen. Las feministas, que niegan a Manolo a muerte, se suben al mismo tacón, para encabronar a las otras. Lo consiguen más eficazmente cuanto más Manolo se fija en ellas. Conclusión, Manolo no solo es útil como bolsa de semen, es necesario en la lucha por el poder. Seguí platicando hasta que me di cuenta que Manolos son tipos como usted y yo. Tienen razon. Somos unos inutiles. 

Pues eso, la portada ya la tengo, ahora ponerme al teclado y no vean como las voy a hacer danzar.

domingo, 3 de marzo de 2013

La incompetencia alemana


 
Si usted ha picado en el anzuelo ya es hora de que se suelte. El país más poblado de Europa no es el paraíso terrenal. Llevan los pantalones tan meados como el resto. No lo duden.

Hay quien ni en el norte ni en el sur ha entendido que la diferencia entre los pueblos barbaros del norte y las tribus bárbaras del sur se basa en un solo punto: El grado de mangancia. Mientras que la barbarie nórdica roba con mesura y precaución, las tribus del sur meten mano hasta que de tanto pulir hacen agujero. Si lo duda, viaje y vea. Sin olvidar que unos y otros cultivan con pasión la barbarie, lastre que en 21 siglos de historia no han soltado.

Podría darles millones de ejemplos pero ayer, pateando Colonia, nos encontramos con una incompetencia de carcajada. Cinco uniformados, cinco. Cinco salarios. Evitando que la masa andante paseara por la plaza. Que se equivocaron en el diseño.

Si usted patea el empedrado podrán oír los burgueses renanos sus pasos en vez de las filigranas violinistas. ¡Ayer había opera!

Ya ve, no se fie de las fotos imponentes, eyaculadoras, de una sala de conciertos exhibicionista siempre llena de viejos a rebosar. Se les olvido un pequeño detalle. Sus pasos de viajante o turista bocadillero. De joven desocupado. De tortolitos metiéndose mano mientras contemplan el discurrir del Rin. De corredores jodiendo las rodillas a todas horas. De madres recién alumbradas…

¿Qué tocaban? Imposible saberlo. Ellos podrían oírnos. Nosotros a ellos, nada.
 
 

domingo, 9 de diciembre de 2012

Tarde de domingo norte europeo

 
 
Frente a la civilización de la barbacoa esta la cultura de los ilustrados norte europeos. Esos ateos que en los domingos de invierno abren la casa a amigos y conocidos para escuchar un poco de música tocado por ellos. No piense que es un circulo elitista de la alta burguesía local. Allí se encontrara todo tipo de gente a las que solo les une la pasión por la música. Cada uno trae sus partituras y lo que puede. El cake para el café, el vino para el final, las patatas fritas para los niños, que no hay como aprender de joven.

La ninfa de las piernas de gacela nos recreo tocando de maravilla a Scarlatti, con técnica nórdica y pasión del sur. Luego todavía hay quien no se entera porque la cultura es mas centroeuropea y menos de periferia. No hombre, no es eso. Es que usted jamás se ha tirado un buen polvo entre sonata y sonata, allí, encima del piano

miércoles, 15 de agosto de 2012

Mientras que el alma resista



Me lo encontré este verano en el Puerto Viejo de LaRochelle. Camino de Galiza Ceive. Habíamos hecho escala para no agotar el cuerpo viejo. Allí estaba el rockero. Apalancado junto a las hermosas torres que en su día defendieron la ciudad mas libre y roja del Atlántico europeo. Aun lo siguen siendo. Lo uno y lo otro. Nuestro héroe tenia publico. Abundante. Una clase de un grupo escolar que esperaba la Golondrina al Puerto de Minimes.
Al principio las canciones que ofrecía nuestro héroe no acababan de convencer a los escolares. Demasiado Hendrix en formato bochornoso. Hasta que se giro y contemplo a su publico. Entonces si, el mejor rock francés de los años 80 con la pasión de un púber.
Lo dejamos con su publico. Algunos viejos aprendieron la historia. Si te paras te caes de la bicicleta y se acabó el pedalear. Por eso aprendan la lección. Hay que seguir hasta que el alma se acabe. Que el cuerpo siempre resiste.

miércoles, 18 de julio de 2012

Historias de Compostela: La banda de música



Los locales ya llevan una hora acomodados. Para los pensionistas madrugadores hoy toca silla. Que la banda no esta al completo: faltan músicos y sobran sillas.
Los turistas pasan sin inmutarse. Unos despistados. Algunos ociosos. Los más desinteresados. ¿Qué se puede obtener de esos uniformados con pinta de desfarrapados? Antes de que se les contesten ya se han ido opinando el despótico nada.
Ellos se lo pierden. La cosa empezó hace más de treinta años. Cuando nombraron al viejo director de la banda municipal de Santiago que se empeño en educar musicalmente el oído del pueblo. Se rieron de el todos los intelectos del orbe local.
La banda tenía la sana costumbre de acudir no solo a entierros y demás solemnidades municipales. Un domingo si y otro también. Sin lluvia en el palco de la Herradura, con ella bajo los soportales de la muy Rua do Vilar, a las 12 horas en punto, cuarto mas y a veces mas que mas, se arrancaba a pasodobles y charangas de la tierra y meseta colonizante.
El viejo director lector del Arte de la Guerra, comenzó a incluir arias, oberturas y algún “con tutti” entre zarzuela y zarzuela. El publico no se rebelo. Entre la curiosidad y la aprobación comenzaron a exigirle más de aquellas cosas “novas”. La intelectualidad acudió a golpe de paraguas en masa. Hasta Mahler allí nos tocaron con aplauso de tradición y gusto.
Aquel viejo director ya lo han jubilado. Hoy Xose Carlos Seráns, con otros músicos jóvenes y virtuosos siguen con el mismo juego. Hoy, a las 7 de la hora, en punto, y detrás de un juego con Camino de Santiago, se descolgó con los Maestros Cantores de Wagner que el público aplaudió a rabiar.
Ya sabe, estos días, a las 7 de la tarde en la Praza das Praterias, en Compostela capital.

viernes, 8 de abril de 2011

Leer la ópera

No es un error. Tampoco un juego de palabras. Las óperas estan hechas para oírlas. Algunos mantienen que para tocarlas. Los de Vigo para escucharlas. Representarlas se lleva poco. La musicalidad es al fin y al cabo lo que cuenta. Intentar entender el texto es un imposible. El alemán de Wagner es incomprensible. De los textos italianos entendemos solo los comienzos.
La solución moderna es que te traduzcan el texto y te lo enseñen durante la actuación. La primera vez que lo vi fue en la opera de Praga, en los años del comunismo. Un tablón luminoso encima del escenario iba desgranando el texto en checo. Excelente para no enterarse. ¡Desde entonces hemos avanzado una barbaridad! En la opera de Viena, p.e., cada silla está dotada de un minúsculo pero bien visible aparato donde usted podrá elegir en que idioma quiere enterarse del argumento: inglés o alemán. Un golpe duro para los nacionalistas españoles que todavía siguen empeñados en vendernos a través de sus hojas parroquiales que el español es el idioma del futuro. ¡Jodidos vais si no aprendéis el nuevo latín señores viajeros!
A lo que íbamos: el texto. ¡Da miedo enterarse! ¡Las imbecilidades que se cantan! Les muestro estas cosas de Aida: ¡Hay mi amor, ven, intoxícame, hazme feliz! Parece uno de esos orgasmos que las aburridas quinceañeras eyaculan últimamente a través de Twitter a falta de mayores conexiones cerebrales. El otro todavía es mejor. Le quedaría perfecto a un estafador del PP después de haber vuelto a meter la mano en la caja, tipo Baltar en mi tribu o el trajeado Camps en los mediterráneos; por no mentarles al aspirante a alcalde de Arzúa: ese dios del terror a la búsqueda de fama y triunfo. Vamos, lo que la derechona ofrece en las repúblicas bananeras del sur de Europa.
Pues ya ve para lo que da ir a la opera. Disfrutar de la música, leer, pensar, cultivar las neuronas, volver a pensar y repensar, revelarse contra la infamia de la mentira y la manipulación, disfrutar viendo el final apoteósico de Aida: ¡que le den por el culo a la patria, dame a mi hembra, a mi ninfa, a la niña de mis ojos!


sábado, 19 de marzo de 2011

Viena, entre la opera, Mozart y los valses






La banda con la que he viajado a Austria decidió sacar la vena cultural. Rebuscando en los fondos de la cartera nos fuimos a la opera. La Staatsoper.
La elección es importante. En Viena es el turista asaltado al estilo marroquí por cientos de tipos disfrazados de Mozart, en rojo, o esbirros del emperador con tricornio guardiacivilero, en negro. Intentan venderle entradas para cualquier cosa que suene a música. Mozart es lo abundante, pero los acordes burgueses de Chopin no se quedan atrás. Incluso algunos, buscando agujeros en el mercado, se atreven con Malher y alguna obertura Wagneriana. La elección es amplia: Volksoper, Musikverein, Staatsoper, Konzerthaus…que no lo engañen. Muchos de estos conciertos ofrecidos por bandas de estudiantes de conservatorio. Si no fuera por el precio, asalto a mano armada, no tendría desprecio.
La Staatsoper es otra cosa. Cultura subvencionada. Cultura para la burguesía. Cultura para turistas pudientes. Dimos la nota. No es que no fuéramos todos encorbatados y las ninfas sacaran el traje más elegante de la mochila. Nos delatamos por nuestros pantalones vaqueros, nuestros zapatos. Ellas no caminaban en tacones vertiginosos ni llevaban trajes largos. Por no mentarles la pedrería que cuelgan las damas austriacas copiando la moda Sisi.
Aida, de Giuseppe Verdi estaba en el menú. Ya sabe, el amor a la patria a o la hembra, bajo el exotismo egipcio. Digna representación con excelente decorado moderno y una aceptable cantada.
Entre acto y acto nos dimos al champan. Kattus cuvée no 1. Un desconocido para nosotros que si beben los austriacos bajo el lema “Stil hat man. Onder nicht”. Siga con su cava.
Los que por deformación profesional nos dedicamos a la observación del prójimo también disfrutamos del espectáculo que ofrece el público. Ellos con su impecable traje obscuro. Ellas de princesa. Las senectas enseñando las medallas de la familia con el moño bien peinado y recogido en esplendoroso gris. Poca obesidad. Mucho cincuentón acompañado de barbi’s berlusconianas. Jóvenes copiando a papa. Aprendices de ninfa exhibiendo lolas que todavía no tienen. El silencio total del público. Los aplausos en su punto. La corrección de las maneras.
De saliendo maltratamos el estómago a altas horas con asado de ciervo con pasta de sabor aceptable en el bar de enfrente. Es el rito.