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sábado, 22 de junio de 2013

¿Les suena?


La imagen de la foto. ¿Con que la asocia? Podía ser una un retrato de hace 30 años. De su patria o la mía. Cuando las campesinas llevaban pañuelo al cuello y las señoritas pañoleta. Que era lo mismo pero no es igual.

¡Hasta ahí habríamos llegado! mantenía el coro mudo de las cofrades de la Dolorosa. La ultima con D de hembra. Que ya lo explicaba Tonhita la de Catabois cuando mantenía que el rostro dramático de la virgen solo podía provenir del maltrato continuo a la que la sometían – y siguen sometiendo- las beatas de la Plaza de Amboaje.

Pues les cuento que la foto fue sacada hace unos días en una calle de Estambul próxima a la antigua iglesia cristiana de San Salvador de Chora–hoy museo, ayer mezquita- donde se conservan gracias a los dólares yanquis los mejores frescosbizantinos del país. Lo de los frescos se lo contare algún día ya que hay que verlos para entender la evolución de la pintura moderna.

Lo que no ha evolucionado es la vestimenta del pueblo. Todavía hay quien se sigue empeñando en pensar que ir vestido de pies a cabeza tiene algo que ver con la religión. Los que vivimos en tierras frías, no dejamos de asombrarnos como algunos marroquís se empeñan a desafiar las nieves nórdicas disfrazados de  chilabas que fueron inventadas para combatir los calores mediterráneos.

Lo mismo ocurre con el pañuelo que se perdió cuando las mujeres dejaron de cubrirse ya que no trabajaban el campo y ponerse moreno era síntoma de prosperidad.

No fue el melanoma lo que cambio las costumbres. Ahora se llama Zara y demás. Reinventaran un día la pañoleta, no se preocupen los amantes del pañuelo que para tanto da. Llegará un día de estos. Cuando el pueblo lo necesite para taparse peleando contra tanto tunante o el hambre. Es lo que hay

Ahora que Turquia paso de moda


Ahora que ya no tenemos fotos espectaculares, con Molotov o perros de presa disparando su acojono, ya no hay quien les escriba a los turcos. O peor. Ahora se les tilda de clase media perdida en el camino. Ilustrados sin futuro. Pasantes de la “fame negra” a la “fame da liberdade”; que no se  sabe si es igual de trágica pero que también duele. Es el mismo insulto que la pijeria española, esos fascistas disfrazados con gomina, expandía en la prensa de su capital sobre los cientos de emigrantes gallegos que estos días se arrastran por Europa suplicando un trabajo, Resumido: Que usted sea ilustrado no le da derecho a pensar y por supuesto a reclamar.

Que los emigrantes alguna vez reclamen es dudoso. Esta generación aprenderá sin enterarse, que se han ido para no volver. La mayoría acabara sus días, de triunfo, en los asfaltos de Europa donde poco a poco les harán espacio.

Que los turcos reclamen esta de contado. Lo siguen haciendo a todas horas. Quizás menos espectacularmente pero mucho más mortíferos. Han deconstruido el discurso del dictador a golpe de imagen. Ese joven que con las manos en el bolsillo miraba la bandera de su infancia  mientras era molestado por un esbirro del poder. Es el mensaje que ningún tirano podrá soportar.

Mucho les queda por aprender a los aprendices de emigrantes. ¿O será que quedaron  asulagados entre las aguas de tanto mar que se les cayó encima?

domingo, 2 de junio de 2013

La gaita turca




Se empeñan en llamarle gaita turca. Es una gaita de Anatolia y Tracia. De ahí viene y ahí se toca. Poco más.

La afición de los pueblos que no son país y si acumulo de tribus por apropiarse de lo ajeno es universal. Lo practican con la pasión nacional imperialista que se imponen. No hace falta viajar muy lejos para verlo. Fíjese usted en los holandeses. Nacionalistas chauvinistas avant la letre. Un pueblo que no es. Que se disfraza de naranja para festejar las mangancias del futbol y el cumpleaños de la reina. Estando en la cumbre del florín camuflado de euro es difícil aceptar que se juntaron en un arenal malsano todos los escapados de la Europa intolerante.

¿Sigue dudando? Mire a los yanquis. Nacionalistas de cañón. El desecho y la miseria europea ayer, hoy latina y asiática, en aluvión. Hay que crear mitos si no hay historia.

España, ese invento de los extranjeros. Ellos son murcianos, gallegos, aragoneses y lo demás. Solo presumen de la patria los que viven de ella: funcionarios, milicones, futbolistas, mangantes. Siguen escribiendo su historia, pero ya saben, el flamenco es de todos y la gaita solo de los gallegos.

En Normandía dicen ser normandos. Los bretones siempre fueron ellos. Los de Paris hasta reivindican ser distintos. ¿Qué más quiere?

Los turcos tampoco son pueblo. Tiempo ha fueron griegos, judíos, armenios, traficantes mediterráneos, campesionos de Tracia, judíos de todos lados, salvajes de Anatolia. Llego un tipo vestido de sultán y les dijo que eran turcos. Se fabricaron un gorro y una bandera. La gaita les fallo. Para eso hay que saber tocar música.

Hoy la gaita de Anatolia se escucha poco. Algún desplazado la tañe en las rúas de Istanbul. Para lo demás hay que adentrarse en la Turquia profunda. Lo que no siempre es fácil. Tiene un ritmo trepidante. Monocorde. Jamás llegara a hacer fortuna. Se quedó como muestra del atraso, retraso, permanente de un pueblo campesino. Cuando les pones una gaita gallega, alucinan. Luego hay que explicarles que el camino de Santiago fue más que un largo camino. La autopista cultural de Europa que llevo de arriba abajo los progresos del centro del mundo. Aunque allí en la meseta todavía hoy se empeñan en tañer acordes de gaita turca.

sábado, 1 de junio de 2013

Kılıç Ali Paşa Camii, posiblemente la mezquita más hermosa de Istanbul



Para gustos se pintan colores. La mezquita de Kilic usa un naranja sublime. Aunque quizás deba decirse de albaricoque maduro. Esta allí. En la ribera del Bósforo. Debe de andar para encontrarla. Poco. Está a unos pasos del Museo de Arte Moderno. Escondida entre los edificios. A su lado tiene la curiosa fuente de Tophane, marmol blanco con relieves barrocos al gusto europeo.

Kılıç Ali Paşa es más un complejo que un  camii - mezquita en turco-. Pequeña en tamaño, conserva todas las funciones que los musulmanes esperan de una mezquita. Lugar de oración, de reposo, de lectura, de acogida, de limpieza.  Kılıç Ali Paşa tiene unos excelentes baños turcos que todavía son frecuentados por el público. Allí no hay exhibicionismos. Tampoco turistas. La última vez que fui, además de dos o tres empleados limpiando, estábamos el sufí y dos francesas intelectuales que buscaban lo de siempre. Si puede y lo dejan respirar búsquela. Otra forma de entender a los musulmanes.




Mezquitas de Istanbul


Si lee la prensa vera que no están los días para pasearse por Istanbul. Huele a gas. Te lloran los ojos de tanto lacrimógeno. El dictador coránico saco a sus perros de presa, siempre los mismos, esbirros disfrazados de azul que apalean al pueblo que pacíficamente pide conservar un árbol. Imagine como iría la cosa si la masa saliese a pedir pan. No se olvide, hoy a los turcos, económicamente hablando, les va muy bien.

Del resto solo miseria. El crecimiento económico del pelotazo turco es como el hispano. Construir ladrillo sin lógica y necesidad. Los turcos en eso, tienen escuela. Mientras que pasaban hambre de la mala siempre el emir les levanto una mezquita eyaculante. Junto a la piedra de la mezquita, la represión de los energúmenos. Nada de sexo, nada de alcohol, nada de música. Oración y represión.

Si va algún día a Istanbul debe de irse de mezquitas. No solo a ver la piedra. Que también. Hay que contemplar al respetable. Adentrarse en los mecanismos de un sistema más eficaz que el de la iglesias cristianas. La mezquita como limosna a los parias no tiene límites. La limosna hace esclavos. Si duda relea a Nietzsche.

Si leyó  antes de partir alguna guia encontrara una lista de mezquitas recomendables. Algunas comienzan con el Aya Sofia. Error garrafal. Ese edificio hermoso fue concebido y construido como iglesia bizantina. Que los musulmanes luego le pegaran unos minaretes que desentonan, no cambio el carácter de iglesia. Se lo describiré otro día.


La mezquita azul es la siguiente. En turco Sultanahmet Camii. Debe ser por estar situada enfrente de la Aya Sofia. Es la mezquita del gobierno. La casa oficial. Pateada por miles de turista. Sentado en su suelo, rezándole a su amada, puede contemplar el Bósforo Esta avisado: allí, en el lugar de oración, solo pueden penetrar los musulmanes. Hay tanto mirón que han protegido los suelos con plásticos. Matando el acto de pasearse por encima de los tapices desnudos. No es la más hermosa. Si la más concurrida.




 
 
Frente al bazar egipcio, allí donde le venden los tés y las especies, está la mezquita de Yeni.  Debería verla. Últimamente es cada vez más visitada. Recoge todo lo que una mezquita debe tener. Hay muy poca gente. Lo que te permite sentarte a contemplar los rituales de ellos y ellas, escondidas detrás de las celosías. Al salir deje una propina aunque sea ateo como yo. Es la única mezquita que practica con devoción la hospitalidad otomana.
 



Exuberante sobre una de las colinas más altas de Istanbul está la mezquita de Suleymaniye . Es la mezquita de la reacción. El pensamiento fundamentalista. Allí podrá ver a árabes sin oficio y muchos beneficios que con los petrodólares saudís anuncian la muerte y el paraíso. Es el fascismo religioso puro. No se asuste. Debe verla. Tiene un deje de arquitectura fascista por su grandiosidad. Ellos no lo saben, ya que los que subieron a Europa no leyeron y los otros se esconden en las arenas de desierto o los montes de Kabul. Es curioso como las ideologías se universalizan antes de que el capital inventara la moda globalizadora. Siéntese y mire. Pasee por su jardín, la versión arabizante del claustro pre románico. Allí abajo, a sus pies, para conquistar, el resto del país.

 
 
 

Si como yo no está cansado y le coge vicio a esto de comparar los delirios religiosos de estos tipos, le recomiendo que visite conmigo la mezquita más hermosa de Istanbul: Kılıç Ali Paşa camii
 
 
 




Castelao en Istanbul: Son los de la otra orilla mas extranjeros…




Hay un dibujo terrible, que lo ocultan con pasión, imposible de encontrar, de Daniel Castelao, el padre político de mi patria. En él se ve a un niño que le pregunta a un viejo, en la orilla del rio Miño: Son os doutra beira mais extranxeiros que os de Madrid? Es el resumen más perfecto del problema español.

La imagen se me vino a la cabeza cuando buscaba el barco para acercarme a la otra orilla de Istanbul. Allí comienza Asia. Otro continente. Cruzar el barco es cruzar la frontera. Dicen las guías que entra usted en territorio comanche. Ojo avizor ya que allí no hay nada que ver. Lo que hay no es para usted. Es, presumo, la periferia salvaje. ¿Les suena?

Tire la guía a la basura. Busque los barcos blancos del ayuntamiento. Esos que parecen cochambrosos pero que navegan a velocidad Ferrari. Salen del muelle enfrente del bazar egipcio. Al lado del puente Gálata. Puede comprarse en el automático un “jeton” –moneda- por tres liras turcas, 1,5 euros. Si usted es provisor se comprara dos, la otra para la vuelta; evita ponerse de nuevo en la cola.

A velocidad moderna el experto patrón lo llevara a la otra orilla sorteando eficazmente el complicado tráfico marítimo. Déjese llevar y disfrute del sol y el paisaje. De arribada podrá contemplar la monumental estación de ferrocarril que con dinero teutón les organizaron los alemanes en su sueño, otro más, imperialista: la terminal asiática del tren Berlín-Kabul y más allá.

De golpe se sumergirá usted en el color. El vibrante mercado donde venden todos los pescados posibles, las delicias turcas, los frutos de la tierra, el vino que si beben, los trapos para encelar, la vida. Del pescador al tenderete del partido que les promete derrocar al presidente oraciones. De los escolares uniformados, a las mujeres de paseo; ellos siempre están.

Planifique bien la visita y quédese a comer en uno de los múltiples restaurantes de las calles del muelle.

Luego mientras coma, recuerde la pregunta de Castelao. Allí le darán la respuesta: Si, los extranjeros, los verdaderos otros, son los de Madrid.




Recomendaciones a las señoras para penetrar en mezquitas e iglesias


Si le da el ramalazo anti ya le digo que no. Que estas fotos estén tiradas en Istanbul no dice nada. Letreros e ideas simulares adornan el Vaticano, las entradas de la saqueada catedral de Compostela, la puerta de la ídem de Burgos, mas ídem de la expropiada mezquita de Cordoba, la mente del párroco de su pueblo, etc.
Para incordiar, como medida terapéutica, mental y anti demencia, permítame que le recuerde que, en términos históricos, hace nada, unos cuantos años, su madre y su abuela acudía con los mismos pañuelos -copia de lo que sea- a la misa de doce; domingo si domingo también.
Lo reaccionario no es el pañuelo. Que les confieso que me pierde. Instrumento sexual como no hay. !Imaginen! Lo reaccionario es la diferencia macho hembra. Si usted se fija en el cartel de los turcos –hay versión inglesa- vera el machismo rebosante del texto y los dibujos. Ellas de arriba abajo encapsuladas. Ellos mostrando la testosterona a través de los bíceps. Es lo que hay.



Visitando en procesión iglesia y mezquita, me he dedicado a contemplar como las féminas de distintas nacionalidades resuelven el problema de tenerse que camuflar a la puerta de cada edificio. ¡Una gozada! Hay de todo.
Las europeas en general son patosas en este oficio. Acostumbradas a la camiseta y pantalón corto que hace un sol de carallo, y lo hace, esto de tapar hombros, cabezas y piernas las marea. ¡Tres pañoletas al mismo tiempo! Algunas acuden al pantalón pitillo que fracasa ante la mirada exigente de la matrona turca que, empaquetada para el invierno, controla el rigor islamista de las perdidas extranjeras.
Las latinas están más acostumbradas a camuflarse. Se les nota. Manejan los grandes fulares que se traen de casa con precisión de bailarinas. Mantienen un punto de discreción sin convertirse en monjas. Es el aprendizaje de años soportando al macho encabritado.
Lo de las yanquis es de pena. Leyeron en la guía que había que vestir recatadamente. Lo que hacen. Modelo safari a la Coronel Tapioca. Dios les conserve el gusto.
Me quedo con las japonesas. Y esta vez no es por mi pasión minimalista ya que si las mira bien vera que exhiben una explosión de color. Pues nada, que han sacado el modelo Jipi de lujo, o el hippy chic que dice el Vogue. Ese que vale para todo en cualquier lugar. Con foulard en perfecta armonía. Las hembras, que saben del lotus y los adornos florales, se camuflan con el paisaje sin renunciar a exhibir la reivindicación eterna: respétame como mujer

domingo, 26 de mayo de 2013

El erotismo de las turcas: Mitos de Istanbul o Estambul (3)


El etnocentrismo, ya sabe, mirar el mundo a través de su ombligo, relanza la polémica. ¿Cómo es posible que en el siglo veintiuno las mujeres se cubran de pies a cabeza? ¿En nombre de la religión, el patriarcado, la costumbre reaccionaria? Es asunto delicado.

A las hembras que me acompañan en mi paseo por Istanbul les horroriza tener que cubrirse con un pañuelo que si usan, de cotidiano, es para proteger la garganta en los fríos inviernos nórdicos. Haciendo exceso, de elegantes, a modo de rebeca, cuando pasean a beira do mar de fora en los veranos galaicos. Uno, por mucho que les cuente que en los 60 todavía se estilaba en Europa la pañoleta multicolor, no encuentra compresión y si insultos.

Las turcas argumentan que es cultura y tradición. Algunas de bajinis, imposición. Les guste o no, el gobierno conservador turco les ha vuelto a meter el pañuelo en los últimos años. Antes, al menos en Istanbul, se veían pocos. Lo de “meter” es un arma de doble filo. La mayoría de ellas lo llevan porque quieren. Muchas incluso lo reivindican. Se sienten más seguras en la calle, tapadas de pies a cabeza, frente al macho testosterona que todavía no ha sido educado en la contención. Razón no les quito.

Mantener que las turcas son mojigatas es no querer ver el mundo. Solo hay que pasearse por las calles de la zona comercial del bazar para contemplar la explosión de tiendas de lencería multicolor que tanto entusiasman a las musulmanas. Pero hay más. Si usted se fija, por la calle, descubrirá los juegos del erotismo turco, que no es el nuestro. Mientras que hemos simplificado el juego erótico al desnudo puro y duro, el turco cultiva la ocultación musulmana como objeto del deseo.

Fíjese en esa hembra de pañuelo deseo y estiletes finos. Paseaba por el muelle del Istanbul asiático. Allí donde vive los turcos venidos de Anatolia. Nadie la importunaba. Iba vestida según la norma. Hermosa, bien conjuntada para los gustos locales, perfectamente maquillada, marcando en bamboleo de sus caderas al ritmo que marcaba la larga falda floreada. Un monumento de mujer. De pies a cabeza. Hembra femenina e independiente. Tapada de pies a cabeza. ¿Entiende?
 

El museo de arte moderno: Mitos de Istanbul o Estambul si usted prefiere (2)



Leerá en las guías que se debe visitar el museo de arte moderno de Istanbul. Sobre todo en las guías escritas por los anglosajones. No sé qué manía tienen estos autores con la nada. No es que el museo se diferencie de la mayoría de las modernidades de Europa y USA. Ya sabe, edificio grande, colección mínima, vivir a cuenta de las exposiciones realizadas a base de los préstamos de los amigos. Los turcos también lo practican. Eso, que les toque una exposición interesante cuando se encuentre con esos pagos, es como que les toque la lotería. Usted y yo, creo que con argumentos serios, optamos por la lotería.

Escrito lo anterior no debe usted llegar a la conclusión de que no debe intentar llegar al museo. Todo lo contrario. Buscarlo en la ribera del Bósforo es de gran utilidad. Justo al lado encontrara la mezquita más hermosa de Istanbul. Esa joya escondida que no le cuentan las guías. (Se lo cuento uno de estos días). Más al lado, entre la mezquita y el museo, están los cafés donde los asiduos pueden disfrutar de una buena pipa de agua y un tablero de damas o ajedrez. Hay que verlo.

El museo en sí, en una de las antiguas naves del viejo puerto comercial de Istanbul, tiene un restaurante con una excelente terraza para contemplar en Bósforo. No lo he probado pero dicen que se come bien. Allí encontrara la escena moderna turca. Esas mujeres subidas a tacones impresionantes y falda de tubo. Ellos más modernos que en el Soho. Entre cuadro y cuadro puede contemplar al paisanaje. Lo dicho, con suerte alguna exposición. Si se aburre mire al frente: el próximo destino.

 



Topkapi Sarayi; Mitos de Istanbul o Estambul si usted prefiere (1)


En cualquier guía que usted lea le dirán que debe poner los ojos en el palacio de los tiranos turcos. Tienen razón. Debe ir usted en peregrinación a maravillarse del lujo acumulado por los sultanes otomanos entre  1460 y la mitad del siglo XIX.

Siempre me asombra que en ningún de estos palacios imperiales se les explique al pueblo como sus antepasados eran explotados con placer. Pero eso es ideología peligrosa, dirán ustedes. No vaya a ser que la idea penetre en los cerebros agotados y se contagie la conclusion.  Lo dudo mucho. Usted ya sabe que al pueblo le va presumir de las gestas de sus tiranos aunque en ello les vaya la vida.

Las vidas de muchos y de muchas están enterradas en el devenir del palacio. Su vida se cabreara de lo que no le cuentan las guías: las colas inmensas para entrar. Están avisados: por muy pronto que usted se levante, abren a las 9, cuando llegue, estará rodeado de hordas de disciplinados asiáticos que vienen a contemplar los diamantes de la bisutería del sultán.

 
Por entrar el gobierno turco le sisa 20 liras por el palacio y ya dentro 15 por el harén. La mitad en euros. Les recomiendo que se saquen un pase para visitar todos los monumentos importantes de Istanbul. Sale, hoy, a 70 liras, 35 euros. Es la opción más económica. Eso sin contar que jamás volverá a tener que ponerse en esas colas interminables que siempre hay.

 No eviten visitar el harén. Es lo mejor del palacio. No se deje llevar por los abalorios de los joyeros que la masa a penas le dejara contemplar. Ojo a la cámara y la cartera que allí no hay lira segura a las manos finas de los ajenistas.

El harén representa el poder de las mujeres y la incompetencia del sultán. Ellas lo derrotaron. Si se sale el inglés pierda el tiempo en leer los textos explicativos. Le situaran la vista a las geometrías y arabescos de los muros en otro contexto.

El resto es patear salas vacías repletas de pueblo, oxigenarse mientras contempla el discurrir de los barcos por el Bósforo, perderse entre los jardines donde todavía hay silencio bajo la sombra de los árboles, pensar que amansaron fortuna y la perdieron. Saber que cualquier tiempo pasado fue peor. Confirmar que el agua es más importante que los diamantes. Repensar que por mucho sultán que fuera en invierno pasaba frio y en verano un calor insoportable. Cultive su dacha pues.

 
 

domingo, 12 de mayo de 2013

Lecciones de Istanbul: La cartera como identidad


Pensar que solo los europeos tienen derecho a vivir bien es un síntoma de imbecilidad. Si usted prefiere diremos etno(euro)centrismo. Eso que su abuela y la mía definían como mirar el mundo a través de tu ombligo.

Los pueblos atrasados, con esto de la globalización, se apuntan a la carrea con pasión de principiante. Es insoportable. No, no saque conclusiones equivocadas. A mí que se hagan de oro me parece muy bien. Pero en la economía clásica, el llenar la faltriquera, se ejercía a base de llenar la hucha –peto si es usted galaico portugués-. Siempre fue así. Es la base que sustenta las grandes fortunas. Las grandes corporaciones. Los suelos firmes de la riqueza común. El ahorro del pueblo que hoy quiere comerse la banca de las preferentes.

Que usted, ahora, este rodeado de los del pelotazo por todas partes, es nuevo, de duración corta, sin futuro, y ya ve, sufre, las consecuencias. Uno detrás de otro cayeron y caerán estos gigantes de barro.

Pues viajando se encuentra uno con una cantidad de aprendices de estos hijos de mala madre que no vea. Llegas a Istanbul hambriento. Te sientas en un chiringo al lado del Bósforo que ni carta ni papel tiene. Venden pescado frito, pan y cerveza. Te lo hacen al momento. Está a rebosar de locales. Ingles saben que existe, solo hablan turco. Te explicas con las manos y los gestos. Todo sonrisas. Hasta que llega la cuenta. Un solo número escrito en un papel pringado de aceite: 235 liras turcas. Divídalo por la mitad para sacar la cuenta en euros. ¡Pero será joputa el turco! ¡Por media docena de xurelos mal paridos!

Aprenda hermano. La próxima vez gástelos en un restaurante de postín en Paris. Que le darán exquisito vino y mejor manjar por el mismo precio. ¿Se me queja? ¿Quién lo ha mandado ir de explorador a las ultimas fronteras que ya no existen? ¿No sabe que hoy Istanbul es destino de modernos con carteras petulantes, esos, los hipsters ahorradores que se orgásmizan de nuevo con lo etno? ¿Qué etno?


Volver a Istanbul


Volví a Istambul. Ultima frontera de la Europa vieja. Ciudad milenaria a la que los sátrapas del delirio religioso le cambiaron el nombre sin saber porque. Sigue estando allí. En la ribera del Bósforo. Frente al Asia que tampoco lo es. Por mucho que se empeñen las guías de viaje. Al otro lado también ha llegado Istanbul.

Una vez fue una ciudad frontera. La Constantinopla de los griegos. La que levanto catedral bizantina. La de los frescos policromados sin fondo. La de las culturas multicolores. Gran bazar del Mediterráneo.

Ya no existe. La mataron lentamente unos y otros en nombre de su religión y su estupidez. Disfraz pudiente de sus dineros. De lo poco que le quedaba le dio el tiro de gracia el turismo de los posmodernos y la patada asesina la masa que va detrás.

Volver es malo. Los humanos practican entre otras imbecilidades el culto activo a “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Es el romanticismo que niega que todo discurre y pasa hasta convertirse en nada, lo que siempre fue. No hay que desesperarse, de la nada es de lo que sacamos la fuerza para vivir en este sinsentido que tanto placer puede darnos, cuando se desparrama. Usted lo sabe.

Volver es malo ya que produce el síndrome de Ulises. Los psiquiatras lo describieron para contar las miserias de los emigrados. Puede aplicarse a la población general. Es la historia de mi tío, por ejemplo. Después de probar suerte en varios ruedos le tendió la fortuna la trampa de mantenerlo de fartura en el puerto de Scheveningen, donde amanso fortuna para levantar castillo en la patria. Cuando retornó, de jubilado joven, salió escopetado de vuelta hacia los mares del norte. ¡Aquel país no era el suyo, menudo timo, se lo habían cambiado! Si, treinta años después las lecheras ya no te llevaban a casa  la leche con manteiga. Ahora la vendían en bolsas de mala muerte y sabor apestosamente descremado.

Usted jamás deberá hacerle caso a un psiquiatra – de los psicólogos ni hablarle, tiro en la frente o colgarlos- pero en una cosa si tienen razón: La memoria es nuestro mayor enemigo. O amigo, según los casos. Disfraza la realidad de forma asombrosa y sistemática. Nada de lo que usted tiene registrado en su cerebro pasó. Lo que usted cuenta, sus recuerdos del pasado, es lo que usted quiere ver. No intente disimularlo.

También mis recuerdos de la Constantinopla que vivi una vez. Por eso volví. Por eso veo otra cosa. Ya que aquello, que vi, no existió jamás. De lo que si estoy seguro es que de aquella no había tanto imbécil detrás de una guía de viaje. Indiscutible es que de aquella, nadie, me tomaba por una cartera andante. Hoy si, hoy valgo lo que abulta mi cartera. Es la tragedia de los pueblos románticos, de los barbaros fronterizos: a menos que te descuidas abrazan con imbecilidad infantil la destrucción del capital. 



martes, 1 de noviembre de 2011

Bruselas: Delicias turcas




En los bazares de Estambul las venden los turcos al grito de “cinco veces en la noche”. Cinco polvos asegurados después de tamaña ingesta de calorías. Cinco. Jamás me ha quedado claro quien debe tomar las píldoras. ¿El macho empalmado o la hembra receptora? Visto la cantidad de veces que las delicias turcas se convirtieron en el Viagra turco, parece que son los machos mediterráneos del Bósforo los que se apuntan a la ingesta de glucosa rápida.
En Bruselas el turco que las vende las ha civilizado. Aptas para mujeres. Hábil el, ya que las mayores consumidoras de calorías vacías son las hembras.
Un vicio total. Exquisito sabor de las delicias de oriente. Bien construidas, bien pensadas, bien elaboradas. Aquí las tienen. ¿Ya se le ha levantado? El hambre me refiero. Pues nada hombre –o mujer-. Patisseries Orientales Rose de Damas, Rue du Marche aux Herbas 19, justo al lado de la Gran Place. 5 times in the nigth!

lunes, 30 de noviembre de 2009

Aya Sofia


Fue iglesia. De las más hermosas de Europa. Modelo Bizantino. 1400 años de historia. Encargada por Augusto, emperador. Levantada en 5 años y 10 meses. Año 537. Duro 21 años en pie. En el 558 se fue abajo tras un terremoto. Vuelta a empezar. Copiada con éxito por los venecianos, otra historia.
Vino el turco y la convirtió en Mezquita. Pegándole cuatro minaretes. Salvo los frescos al taparlos. Hoy, recuperados, se pueden ver. El despilfarro del oro. Iglesia y capital siempre mano a mano. Una belleza.
Hoy no es nada. La devolvieron sin devolverla. Ya no rezan ni unos ni otros. Hordas de turistas repiten las mismas fotos y quedan extasiados ante tanta metáfora de poder. En el bar de enfrente nos dan una cerveza fresca mientras que mas hordas se retratan donde antes estaba la antesala de la sumisión. Es definitivo: los pueblos no aprenden. Los individuos, tampoco

domingo, 29 de noviembre de 2009

Canticos turcos


Es un pueblo de melancólicos. Deprimidos. Definitivo. No hay más vueltas que darle.
Mantienen la agresividad de las grandes ciudades que no da espacio para relajarse. Pero tienen más desgracias. Su religión tampoco les permite el pecado abundante que se repara al segundo con un mea culpa oportuno. La economía no da para excesos en una tierra donde todavía los mercados se llenan de pobres de solemnidad
Gritan una letanía angustiada y repetitiva convertida en música. Como los andaluces. Otro pueblo moro que no sabe más que lamentarse con ira con su flamenco.
Tienen la voz del hambre, la puesta escenica del orgullo a golpe de frases patrioticas, la dureza de la arena, la arruga del secano. Tiene el alma desgarrada. Se les nota el coraje. No son mis canciones.
Se lo perdone todo cuando ella, con su voz portentosa, me canto en perfecto castellano la elegia al Comandante. Eso, hembras mediterraneas de negro pasion

viernes, 27 de noviembre de 2009

La buena vida del sur


En Estambul amanece pronto y obscurece rápido. No tiene punto medio.
Entre anchoas y lubina con arroz y aceitunas contemplamos el mar convertido en un arcoíris y nos dejamos llevar por el Bósforo en calma. ¿Cuanto durara la buena vida?