martes, 26 de mayo de 2015

El pirangallo bien empalmado de "The Old Man of Storr"



Se ve desde muchas millas antes de llegar por una carretera bien asfaltada. Demuestra poderío. El de la pasta de los turistas. Subvencionado por la Comunidad Europea están ampliando el aparcamiento y dulcificando el camino que te lleva a las piedras. Es escoces. Salvaje. De infarto. Castigo asesino para desprevenidos. Los mismos turistas de la pasta.


Como esta en Escocia le han puesto el nombre poético de “The Old Man of Storr”. En los tiempos previagra, nota bene. Son unos románticos estos gaiteiros.  Si estuviera en las tierras de mi infancia, otros gaiteiros melancólicos, para compensar la sodomía perfecta a la que se someten cada vez que votan, le habrían puesto nombre viril. Mas acuerdo con la imagen que da.

Nada de carallo ni demás chuminadas ciudadanas. Cualquier gallego de pro, no mareado, sabe que eso fue, es, y será un pirangallo. Un erguido. Un folgosleva. Un desafío. Un aproado. Las tribus irredentas, ¡apunte!,  jamás fuimos tuvimos hambre de polvo.

Pues al viejo lugar hay que subir. Subimos. Bajamos. De milagro. Extenuados.

Lo que se ve es verdad pero no es cierto. Desde el aparcamiento levanta usted la vista y ve el maencontro al alcance de la mano. Y se pone de camino alegremente. A su lado, los locales, se disfrazan para subir al Hymalaya, piensa. Que exagerados. Que equivocado.

En la primera rampa se le calan las pantorrillas. Ni en segunda sube. Es desnivel alpino. La segunda disimula. La tercera se agrava, la cuarta es pared pura. La quinta de disfrazo de planicie. Y desanimo. Ya que anuncia que la gaita del carallo no queda allí si no mucho mas allá. Mas alta, mas lejos.

Todos disimulan el desfallecimiento parando cada dos pasos a fotografiar el paisaje, supremo. Lo que acrecienta el desgaste. En la cumbre no estará solo. Los vera agotados, Ellos jóvenes y usted viejo. Deje que lo fotografíen entre el carallo enviagrado del hombre viejo. Baje pronto pero sin prisas. No olvide que la bajada, para sus músculos, no será mucho menos agotadora que la subida. Beba agua, chupe calorías. De arribada al coche piense dos cosas fundamentales. ¿Cómo es posible que estos barbaros no hayan construido allí la ermita de un San Carallan? Como corresponde al lugar. ¿O es que los barbaros somos nosotros y no ellos?






lunes, 25 de mayo de 2015

Las noches electorales de Portree


La primera noche que pase en Portree, consumido por las curvas escocesas,  subí con horario de gallina a la inmensa cama de una de las habitaciones de la casa que alquilamos frente al puerto. A dormir. Fue un imposible. . . La cama tiene historia, le cuento. Como la casa. Como los escoceses.


Le alquilamos la casa a un viuda que disfruta en  insultar a los salvajes ingleses, esos esclavos barbaros e iletrados  empeñados en destruir la preciosidad que presta por un precio módico. Levantada en los tiempos en que su difunto se dedicaba a la caza de animales salvajes en África bajo la disculpa del safari ecológico.

No crea usted que es literatura. La dacha posee una de las mejores colecciones que he visto del National Geographic, los mejores catálogos de armas, la literatura de caza mas exquisita. Objetos que solo en la miseria del Sarengueti algún ojo avizor pudo encontrar.
El cazador escoces murió de viejo lejos del orvallo de las Hebridas. La viuda mantiene la memoria.

Paisaje perfecto para leer buena literatura. Pues nada. Los libros volvieron empaquetados para mejor ocasión. Llegamos a las Hebridas unos días antes de las elecciones escocesas y Portree es tierra del Partido Nacionalista Escoces. Que gano otra vez mas, por cierto. 

Todas las noches la discusiones en los pubs eran inversamente proporcional a la tranquilidad de la calle. Los escoceses tienen historia de matarse entre ellos. Ya no estilan pero discuten con una ferocidad digna de barbaros. La diferencia con usted, es que ellos no gritan. Pueden levantar una vez el tono, pero lo que el pueblo participante realmente aprecia es el debate. Quien bien habla es jaleado. Quien aulla recibe pitos. Son siglos de tradición democrática.

Lo que nos queda. Para empezar, ir a cazar rinocerontes a Tanzania. Ahora que ya ni hay ni se estila. Mareante.



Portree


Port Righ en gaélico o Portree en ingles imperial es la villa mas grande de la isla de Skye, lo que la convierte en su “ capital” . El puerto de El Rey, diríamos. Toda una apropiación indebida del titulo. Cuenta la historia que una vez, solo una, Jacobo V puso allí sus pies. Como ya habrán adivinado es mentira. Eran tiempos de guerra entre clanes, esa larga tradición de suicidio colectivo que practicaran largamente los escoceses para provecho del ingles oportunista. No daba la cosa para loas al rey que intento inútilmente poner orden en el caos. Etimológicamente Port Righ provienen de Port Ruigh, "puerto en ladera"; lo que es.


No crea usted que allí hay gran cosa. Claro que la foto de las casas coloreadas del puerto, las únicas que hay, se repiten en todas las postales que los turistas en peregrinación hacen hasta el aburrimiento.

Portree se ha convertido en el gran restaurante de la isla. Cada dos metros hay una casa de comidas donde usted podrá saciar su hambre con los sabores mas variados a precios moderados. Hasta el poco lujo que hay es comedido.

Que presuma de puerto e incluso vea algún pesquero atracado no lleve a confundirle el deseo. Allí pescan poco. Cultivan mas bien. Vieiras de sabor indefinido, mejillones sin poder, cigalas exquisitas, algún pescado de piedra, el salmón hasta la coronilla. El pueblo se tira a la carne en múltiples formas, que ya sabe que es el destino de los pueblos que pasaron hambruna larga.

Tiene el mejor supermercado de la isla, la cooperativa, en el centro. Oficina de correos donde le darán el mejor cambio por sus euros. Dos o tres tiendas de regalos imprecisos. Una librería y una oficina de turismo. El sr. alcalde, el medico, la escuela, el policía, la gasolinera… ¿que mas quiere?

Alquilamos una casa en el mismo muelle para dormirnos contemplando los barcos y desayunar con la misma vista. Aderezada con leer en la cama mientras contemplas el mar decidimos quedarnos. Una joya. Deshicimos el petate y nos pusimos a patear la isla. Hasta que los minutos se agotaron y hubo que abandonar el paraiso.



La carretera a la Isla de Skye




El ferry danés llego con puntualidad nórdica al puerto de Tyne. Diluviaba. Los aduaneros ingleses esta vez optaron por no estropearnos el día. Lentamente, pero sin retenciones fimos admitidos en la Gran Bretaña. Lo de grande es lo que no cuadra.

Cuadradas son las rotondas de los británicos. Caso único en las carreteras europeas. ¿Como es posible realizar los cruces mas complicados del universo sin sonrojarse? Esta avisado: conducir a la izquierda no es complicado. Uno se acostumbra en un santiamén. El peligro acecha en las imposibles rotondas. Agudizado por el hecho que su costumbre no es mirar por encima del hombro derecho, por donde en Europa no vienen los coches.

El camino hacia el norte tiene dos opciones: Glasgow o Edimburgo. Glasgow ofrece mas kilómetros de cómoda autopista. Edimburgo es la vieja carretera nacional llena de curvas, trafico y menos kilómetros. Optamos por la segunda. Creo que no era buena opción. No lo tenemos claro.

Llegamos a Edimburgo en medio de la borrasca. Cruzamos la periférica sin demasiado trafico en mañana de domingo. Un alivio. Allí tomamos la M90, mas tarde rebautizada como A9. Es una hermosa carretera de montaña donde el control de trayecto le marcara los limites de su velocidad. El otro, mas severo, es el tiempo de perros que siempre hace: agua, nieve, viento. Es la carretera a las tierras altas, el paraíso escoces.

En Dalwhinnie nos desviamos por la A86 hacia la costa. Buscando el puente que te lleva a la  isla de Skye. Cuenta la historia que las discusiones entre los lugareños sobre la construcción del puente fueron bíblicas. Dice la leyenda que están arrepentidos. No lo crea. Allí excepto paisaje nada hay. Hoy del turismo deportivo comen, abundantemente, todos.

Skye es uno de los lugares mas turísticos de Escocia. Leído lo anterior no pase pagina para no ir ya que los viajantes que allí van se ven poco. Pertenecen al tipo montañero deportista que se rompe las piernas trepando como cabras. Añada algún fotógrafo enamorado de la luz y el contraste de los diferentes tipos de turba. Dos japoneses perdidos detrás de sus cámaras. Millones de mosquitos en los meses de verano que hacen que allí no vaya casi nadie. Avisado esta.

¿El secreto? A las tierras altas escocesas solo se puede ir en el mes de mayo. Cuando el tiempo es apacible, dicen, la nieve casi se ha ido, los mosquitos todavía no han llegado.
Llegamos a Portree capital de la isla muertos de hambre y disfrutando de las curvas escocesas por una carretera aceptablemente asfaltada. Solo quedaba deshacerse del equipaje y buscar un lugar donde comer por un precio aceptable.




domingo, 24 de mayo de 2015

Disquisición sobre los ferrys



Las opiniones están divididas. La mayoría los evitan. Aunque solo sea por lo que cuestan. Algunos les tienen pánico. Reducido al momento en que deben meter el vehículo en la barriga de acero. La ninfa que me acompaña a Escocia pierde el culo por subirse a ellos.  Sobre todo a aquellos pequeños barcos que te llevan de isla en isla. Pocos lo disfrutan como un mini crucero. Dicen. Jamás entendí como se puede disfrutar de eso.  Diga defecto del animal. Muchos los consideramos una forma agradable de comenzar y/o acabar las vacaciones. Una ruptura de la enchenta de millas que siempre que quieres llegar a un destino de altura debes de realizar.


Algunos siguen siendo barcos. Casi no quedan. La mayoría, siempre los grandes, están diseñados para vaciar su cartera. No intente evitarlo. Saldrá escaldado. Puede, si, reducir el atraco. Hay que prepararse de antemano. Una vez en la caja flotante, en el momento que el ferry abandona el puerto, las puertas de las bodegas se cierran a cal y a canto. Usted podrá volver a su vehículo de arribada. Esa es la encerrona. Explicada, es cierto, por la necesaria estanqueidad de una caja de zapatos flotando en el mar.

Hace años los ferrys tenían cómodas poltronas en las que podías dormir. Hoy han desaparecido de la mayoría de los destinos. La alternativa es pagar mucho por un camarote con un tragaluz por el que se adivina el mar. O un poco menos por lo mismo, donde solo se adivina y seguro que se oyen los ronquidos de su vecino.

Emborracharse puede usted hacerlo a gusto. A precio de merluza. Comer plástico y prefabricados, en cinco o seis restaurantes de cocina similar y nombre distinto, es obligado. Por un mal rioja le pedirán lo mismo que por un Vega Sicilia. Donde no hay todo cuesta. Mas cuando el estomago a la hora del desayuno le anuncia que esta vacío.

¿Cómo evitar la ruina? Fíjese en la tercera foto de este post. Una familia holandesa desayuna plácidamente a las 8 de la mañana millas antes de arribar a Ijmuiden. Desayuno completo incluido la mantequilla de la que jamás se privan los nórdicos. En el camarote comen meriendan y desayunan mas. En el mismo lugar donde beben todos y follan algunos. Lo que hay.

Viajar en ferry significa planificarlo de antemano. Saber aproximadamente el tiempo que va a durar el viaje y preparar una bolsa o mochila con lo necesario. Literatura, maquina de fotos, cepillo de dientes, manduca , líquidos , gorro de lana y abrigo. Deberá tenerlo a mano,, encima del resto del equipaje.  Encima, digo. En la bodega de un ferry no podrá abrir totalmente las puertas de su vehículo ya que estos están aparcados como sardinas en lata. No lo olvide. 

Una vez aparcado el coche en la bodega será usted obligado a abandonar el lugar por estampida. No pique. No les haga ni caso. Saque el petate. Asegúrese que el vehículo este bien frenado. El GPS desconectado. Cierre el coche. Busque la puerta de salida. Haga una foto de su numero con el móvil. Busque una tarjeta que siempre se encuentran en los laterales de las puertas , con el numero/ identificación, para darle a sus acompañantes. Le evitara el drama de convertirse en uno de los desesperados que se arrastran por las bodegas de los ferrys cada día, sin explicarse porque su vehículo no esta donde  por mucho que mantenga no lo ha aparcado.

A los machos testosteronicos: no cometa errores. Hoy, en cualquier ferry europeo hay guardias de seguridad, calabozo y tolerancia cero. Saltar bajo el alcohol se aplaude. Joder al prójimo bajo sus efectos se paga. No bromee. Las reglas del mar son implacables. Esta usted avisado.

A todos: preparen el ocio. En las fotos puede contemplar a una princesa haciendo yoga, los cansados tomando el sol, algunos leen, otros miran… pero las horas en el mar teniendo tripulación que trabaje, son profundamente aburridas cuando la costa desaparece de tus pupilas. Lea y relea. Un buen libro.

Señoras, hembras y ninfas, no le dejen la intendencia al héroe cansado de su tribu. No se ha enterado que el chocolate a 25 grados pringa, llevar crema de sol es mas obligado en el mar que en la playa, cuando el mismo sol desaparece el cambio al minuto es frio polar, etc. Usted ya sabe: es como ir  a 
comer empanada de sardinas a la romería do Naseiro. Que lo disfruten.




De vuelta a las Hebridas



Retomamos el viaje que dejamos por necesidad hace exactamente 12 meses. Volvimos a las Hébridas. Paraíso de Europa. Islas dejadas de dios, que no existe, y del capital, el que siempre roba. Fuimos a visitar a los escocéses. Tribus que dejaron de ser gente para construirse, reinventarse, como pueblo.


Pasaporte, faltriqueira da prata, traje de aguas y diluvios, cámaras  de fotos y mac, gorra gorro y bufanda. Plumas y plumones. Siempre lluvia y viento. Siempre sol. Ese sol siempre sale. Aunque a veces no se vea.

Subimos el Land Rover al ferry de Ijmuiden- Newcastle-upon-Tyne, en tierras de esclavos. Desconocemos si es lo barato. Es lo lógico cuando el minutero marca las horas. Puede usted llegar por las tierras de la reina vieja pero no debe olvidar jamás que para ellos Escocia no existe y las carreteras mas allá de Glasgow son corredoiras que  ya ni los gallegos, otros parias de la periferia atlántica, estilan. La carretera de Dover a Edinburgh deja de ser autopista al pasar la frontera escocesa. El camino a Glasgow sigue la ruta del atraco ingles. Una mareante autopista llena de atascos e imposibles. El mar ya no es de todos pero libre de rotondas, policías, y semáforos, es rápido. ¿El tren bajo el canal? No sabia que usted fuera rico.

Los ferrys son un mundo aparte. Se lo contare uno de estos días. Los aduaneros ingleses esta vez no nos consideraron sospechosos de transportar armas ni droja, con j. Un alivio. Llovía a mares cuando llegamos. El mundo, histérico por abandonar el acero a pesar de la puntualidad nórdica –arribada al segundo- pugnaba por salir por donde no hay. Tardamos un rato en enfilar el camino a Edimburgo. ¿Usted ya sabe? De rotonda en rotonda y tiro porque me toca.