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sábado, 13 de marzo de 2010

Porto de noite


Poco veo de Oporto de día. Pateo las rúas en la noche de viento y agua. Vacías de humanos. Llenas de carros que se desplazan al estilo portugués: haciendo ruido. Lo viejo, mas desgastado, sigue en su sitio. Lo nuevo, el hormigón del progreso, levantado a costo de Europa, esta medio escondido. Los portugueses, pueblo de nostálgicos atlánticos, saben hacer. Recordamos los tiempos en que dormíamos en el camping, bajábamos a la ribeira entre los gatos, a tomar tripas, ellos, y sardinas, los demás. Volvimos a Gaia, Vilanova de, que ya no es más que un barrio del Porto proletario donde venden porto barato a precio de caviar irani
Todo está en su sitio y es distinto. Sola a choiva atlántica permanece. ¿A quién se le ocurre venir al atlántico en plena surada?

viernes, 12 de marzo de 2010

La jodida lluvia atlántica


Chove. Llueve, dirá usted. A mares. Oceánicos. Sin parar. Alterna el calabobos que dicen los galaicos, de mojarte hasta el tuétano a ritmo de gota lenta, con el diluvio universal bíblico de los adictos a la teoría de las catástrofes.
Pateamos Porto en la noche y no se ve ni un gato, que ya es decir. Las almas se han retirado en sus casas, tiradas en el banco de Ikea, detrás de la televisión.
Lo de detrás no es falta gramatical. Es como es. Como en los curas. Donde el altar esta central, y los fieles se sitúan siempre, por definición infalible so pena de excomunión, detrás, de.
Retomando el discurso: Las almas están agochadas. No por la lluvia. Eso fue antes. Hace tiempo que las almas atlánticas dejaron de arrastrar el lorcho debajo de los paraguas , de bar en bar; de tasca en tasca, antes de dormir. Hace tiempo, con el progreso, que llego la electricidad y lo demás. Dejamos de ver el mundo de la esquina para contemplar en directo las guerras del mas allá, el terremoto de más lejos, el derroche de The President, el genuino, el único. Creemos entender todo pero no comprendemos nada. Abandonamos lo que era nuestro, la calle, a rúa, y se la dimos a la lluvia, los gatos si no cae agua, las ratas, los cabrones, las putas de la miseria.
Hoje o portugués non sae, dice mi anfitrión. Mojados, buscamos el restaurante que debía de estar en esta rúa donde no hay ni un alma, bajo el diluvio de la jodida lluvia atlántica productora de deprimidos, for export, de Portugal

lunes, 1 de marzo de 2010

Horta dos Reis


Aprovechando que ayer les salió la cena barata a nuestros anfitriones portugueses, al mediodía nos entro un hambre feroz que impedía llevar a buen término las negociaciones. Total, que apañaron la cartera y nos llevaron a xantar a la vuelta de la esquina. Con este nombre, Horta dos Reis, no sabes si alegrarte o desconfiar a mansalva. Uno, republicano militante, se da fácil a lo ultimo por aquello de haber crecido con la letanía “o reí parvo está sentado papando moscas en non ten ren que dicir”.
La vista sobre el Douro, Porto, Gaia, e "tras do mais alen" es hermosa si el tiempo le acompaña. A los cinco minutos de llegar volvió a caer el diluvio que nos persigue estos días. Convirtió la vista bucólica en algo tétrico que da más hambre. Nos agenciamos un salmón descolorido, con salsa de contenido imposible. Le dimos al vino. Un regular Vinho verde da casa de padre desconocido. Llego el Bacalhau com presunto e broa y ¡ah! hermanos, eso era cosa seria. El postre lo dejamos y saboreamos un café solo bien hecho. Volver no volveremos, pero la vista, si, vale la pena.

domingo, 28 de febrero de 2010

O Casarão do Castelo


Después de estar todo el día hablando de historia clínicas digitales, planificación, desarrollo, implementación, emigraciones, soportes, ¡hable bien y no use palabrotas hermano!, solo quedaba ir a cenar bien. Bien es bien. Xantar algo parecido a las comidas de la tía Engracia, la prima Tonhita, o su abuela si se tercia. Nada de caralladas para engatusar a los ojos. Meter algo en la boca que de repente sabe, pide más, más, sentir la emoción de que sabe divino, regalarlo con elixir de uva virgen de alquimista. Etc.
Puestos a ello nos llevaron los portugueses a Matosinhos. En plata: delante del puerto de contenedores de Leixoes, sitio a donde usted jamás ira si no es que llega a Porto en yate y busca una marina. La vista no ofrecía nada bueno. ¿Si habrían gastado ya todo el dinero que les dimos a ganar antes de despedirnos con unas buenas cenas estos hijos de las “areias de Portugal”?
Casarao do Castelo se llama. Divino. Nos atracamos de percebes, centolla, langostinos, gambones, un jamón ibérico de verdad, arroz de grelos, pan de maíz como en los viejos tiempos, aceitunas no pasadas. Para comer escogimos unas lubinas frescas que nos hicieron al momento en la brasa sin quemarlas. Los bacalaos, de bandeira reial. A escoger, Vinho Verde Quinta da Lixa, Quinta do Outeiro de Baixo.
El local agradable, el servicio bueno, a la portuguesa. Sorpresa:cuesta lo mismo que una mala tasca de pueblo en su tierra. Búsquelo si puede, en Matosinhos, casi Porto

sábado, 27 de febrero de 2010

Portos en Oporto


Baje a Oporto. Escapando del invierno. Una equivocación fatal de navegante perdido entre las olas del océano. Llovía a mares. Diluviaba. Todos los ángeles del cielo se habían puesto a mear la ingesta de cerveza en fiesta bárbara bávara. O algo así.
Nos quedamos atados a la barra del Sheraton, que tampoco es tan malo. Hotel capitalista en barrio de burgueses adinerado lleno de ejecutivos armanizados, secretarias solventes, putas de postín, aprendices de, señoritas de fiesta, narcisistas compensados, algún invitado…escoja lo que menos le pese.
Porto de treinta años a veinte euros la copa bien llena que pago otro. Sabia a efluvios de ninfa. Rutilante, por los años. Un rojo intenso de buena barrica sin ser maltratado por potingues de rebotica.
Lo segundo era solo un añadido. Habria pagado algo mas por la botella entera, pero no había forma de agenciársela. Cosecha de cooperativa allá por los altos de Douro vaya usted mismo a buscarla. No está el tiempo para estas cosas. Ni lo tenemos, ya que mañana hay que hacer que trabajamos el pensamiento.
Total, que nos quedamos a papar en el restaurant del hotel, que es decente, te tratan como se debe, saben recomendar vinos portugueses exquisitos. Les recomiendo el pulpo –polbo en galaico portugués- que hacen, delicia del atlántico.