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domingo, 4 de noviembre de 2012

Rata de Canal

 

Al menos por estos pagos. Donde el grajo vuela desde hace semanas por los sumideros. Dentro de unos días llegaran los hielos. El congelador abierto que lo invade todo. Poco aconsejable para la piel de poliéster de la niña de mis ojos. Toca cambiar de espacio. De la mecedora de las aguas al trípode de acero en el muelle vacío. Trabajos de fin de semana.

Anuncia el parte viento fuerza ocho. Borrasca de la Mancha. Lo que los ingleses llaman una Rata del Canal. Esas borrascas asesinas que se levantan en lo mismo que un mangante le roba la nomina y te llevan al cementerio de Neptuno si te descuidas. Jodienda mayor. Que llega y se va sin avisar.

A las 6.30 en pie. Mirando al cielo, la veleta, las banderas. Ir o no ir. ¿Llegaremos a tiempo al muelle? ¿Podremos salir? ¿O te encoges o lo dejas por fuerza mayor? De rodillas no nos ponen irresponsables no somos…

Ahí la tienen. Atada y reatada. Cuerpo único con el pontón para soportar el ventarrón. Mañana, tras la calma, en la grúa, manguerazo para sacarle los mejillones y tras un trago de nuevo aceite lista para la primavera. La primavera. ¡Y lo que queda de invierno!

jueves, 7 de junio de 2012

En el paraíso, a veces, no se trabaja


Imagínese bajo el sol caliente. La suave brisa del mar que aplaca la temperatura. El silencio de las gaviotas. Que es música. El vecino en la lontananza. Ni se le ve ni se le oye. Olvidándose de la prima, el rescate, la madre que los pario…

Ya me salen los izquierdistas que es de postal para ricos. ¡No me toquen el carallo proletario! Los costes del viaje se reducen al tiempo (y la elección del momento oportuno en el día oportuno). Este, el día, fue de amanecer con niebla. El pueblo veraneante espera cabreado en la bocana del puerto. Miran y mira para el cielo y solo ven la niebla gris que lo cubre todo. Demasiada humedad en día demasiado cálido. Ayer. Hoy fresco de flece. O como dirían mis tías, que son cursis de Ferrol, de rebeca, que es como chaqueta.
Marchan uno detrás de otro para casa. Marchamos para fuera. No se veía un pimiento. El primer barco que se cruza navega precavido. No se ve un burro a cuatro metros. Los barcos a motor se escuchan tétricos cuando los vas a tener encima. Los veleros no. Se te echan literalmente encima.

De repente la nieve se vuelve blanca. Rosa. Cruzas el arco y estas en medio del océano. Bajo el sol. Todo el mar para ti. Vacío. Hasta llegar a las islas del paraíso. Normalmente mas concurrido que la Brava Costa en mes de Agosto. Hoy solo con dos aventureros, llámele, si quiere, suicidas irresponsables que no quieren saber que nos estamos hundiendo, como tu.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Esto es navegar


Me han preguntado  cual es el placer de subirse a un barco y deslizarse entre las aguas. Pues poco hay que explicar. El placer es este: lo que se ve. Imagínese que está usted agarrando la caña – el timón-  del barco, y que se deja deslizar suavemente entre el sonido cristalino de la proa abriendo camino. Eso. Si no le excita es usted un tipo de tierra adentro. Siga contemplado el mar desde la playa. Y tenga cuidado, que a veces la ola, lo que no flota, se lo traga. Como lo de la banca, vamos

domingo, 20 de mayo de 2012

La noche de Den Osse


No es un truco. Tampoco un juego de luz. Es lo que ven tus ojos cuando amaneces a las tres de la mañana en un puerto “deportivo”. Todos duermen. De sueño o de alcohol. Ninguno folla. Todos los mareantes se han hecho mayor y a sus años, los polvos, si los hay, son a horas santificadas.
El único ruido que hay es el del viento. Marcando el ritmo con el sonido de las cuerdas múltiples que chocan contra mástiles, amarres y lo que se ponga por delante. Alguna bandera se agita. El resto son luces que van y vienen. Como el faro de Ouddorp. Allá a lo lejos. Que se deja ver en la noche estrellada.
Más no hay. Silencio. Roto por la meada que cae sobre el agua. A estas horas, además de follar, el único motivo para despertarse: desaguar la vejiga.

Amanecer en Den Osse


Allí solo van los que llegaron. Sin literatura. Cinco holandeses, dos belgas, tres alemanes, un gallego, un inglés, dos chinos ilegales. Lo que hay.
Queda a desmano. En la última frontera civilizada. Mientras que dure. La arena crece y los bajos ensanchan convirtiendo las aguas en un nuevo laberinto de canales buenos para las ostras y las crías de peces. No más. Llegará el día en que el mar quede lejos.
Las focas se multiplican. Los buceadores también. Las medusas crecen más rápidamente imponiendo el equilibrio. Solo el hambre  aumentan el número de cañas en busca de las baratas proteínas del mar. Todos en el mismo sitio haciendo masa sin molestar.
En Den Osse hay barcos. Pagados. Los otros, los comprados para blanquear los euros del capital están en Port Zeelandia. Millas más arriba. Cerca de Rotterdam. Allí podrá contemplar yates para dar varias veces la vuelta al mundo que jamás navegaron ni navegaran. Todo lo más usados de lupanar bajo la disculpa de una reunión de trabajo en los días soleados que poco  abundan por estos pagos
Desde Den Osse se navega. Se acumulan horas de mimo a la cascara flotante. Los hay de todo tipo y colores. Se les adivina la nacionalidad entre los pontones: el orden alemán, la comida de los belgas, el anarquismo holandés del todo vale, el uniforme exquisito del té a las cinco y el whisky a todas horas llueva o llueva, siempre llueve,  del hijo de la Gran Bretaña…
Los amaneceres solo son cortados por los graznidos de las gaviotas. El pueblo navegante, educado, no viola el silencio mágico del sol que renqueando comienza a iluminar el día. Mientras miras para la veleta pensando que rumbo pondrás hoy. Eso, el rumbo, que siempre lo marca la naturaleza. Aunque a los románticos utópicos les encante decir que lo han escogido ellos. Todavía hay quien no se enteran que todo, incluso la estupidez, es un programa de aminoácidos.

La competición por las proteínas


Se pasan la existencia luchando contra el mar. Lo han colgado de bandera. Se han convertido en expertos. Lo exportan. Forrándose. Es una inutilidad. Todos, ellos también, saben que un día, durante una tormenta perfecta, volverá la ola a llevarlo todo por delante. No importa. Nada estimula más el crecimiento que la lucha por sobrevivir. Aunque ahora los aldeanos de tierra a dentro vendan la mentira de conservar lo que no es tuyo.
Algunos inventos para controlar el mar son espectaculares. Se lo he contado alguna vez. Como las esclusas que cierran el Oosterschelde. Otras son igual de importantes. Aunque menos eyaculadoras. Esta, que no se ve ni se adivina, es el cierre del Mar de Grevelingen. Por donde en la tormenta perfecta del año 1953 entro el agua asesina rompiendo diques y vida.
Que no se vea no quiere decir que no exista comunicación entre el mar de dentro y el mar de fuera. Donde el pueblo pesca, los tubos que se abren y cierran según la marea, dejan pasar la vida. No solo peces, si no la colonia de focas que viven a ambos lados del dique que para ellos no existe.
Ahí comienza la competición por las proteínas. Mientras que los proletarios de Rotterdam intentan acumular proteínas gratuitas pescando geep o pez aguja, esos sabrosos peces que nadie compra en la pescadería por sus lunares verdes que la ignorancia equipara con veneno, las focas defienden sin miedo su territorio. Asoman sus cabezas de perro marino pidiendo lo que siempre fue suyo.
No sé si tienen santo al que rezarle para que llegue pronto la ola redentora, pero de momento no se quejan. La limitación del desagüe hace que todo pez entre en el embudo. Solo hay que colocarse estratégicamente a la salida y esperar a las ricas proteínas. ¿Le suena? Vamos, como el capital vampiro que los maltrata en sus pagos.

sábado, 5 de mayo de 2012

Bucear en Le Serpent


No hay peces de brillantes colores. Ni aguas azules ni transparentes. ¿Calor, eso que es? El agua está congelada, amarillenta de la arena en suspensión que lleva. La visibilidad mala a matar. Con suerte eso sí, lo visitara una foca o los cientos de nécoras que se arrastran por los fondos. Pero a eso no van. Los buceadores nórdicos acuden en peregrinación uno detrás de otro a sumergirse en las entrañas de Le Serpent. Un barco de ferrocemento que fue usado como gabarra y acabo su vida útil convirtiéndose en arrecife artificial junto con otros barcos más pequeños de hierro: La rata y la foca. Pueden leerlo y verlo en su site. El viaje merece la pena. Ya que aunque parezca artificial y masificado, no lo es. La eficacia holandesa hasta eso controla.

Los colores de las fotos


Esta es la pista para bicicletas que recorre el dique que protege Brouwershaven y todo el pólder de Zierikzee, del mar de Grevelingen. Hoy un mar domado por un dique que regula la entrada del Mar del Norte. En otras épocas un lugar complicado al que solo se podía arribar cruzando la esclusa en marea llena. Es un camino fácil de pedalear si el viento te acompaña, lo que jamás ocurre. Contemple las nubes del chaparrón que se anuncia y no llego. Son los cielos holandeses que pintaron a la perfección los pintores flamencos. Calidad fotográfica ya en aquellos tiempos. Esos cielos caligrafiados que no se adivinan en otras costas europeas.
Las dos fotos, sacadas desde el mismo lugar cabalgando sobre un bicicleta Brompton, describen dos estados de ánimo. Unos se inclinan por el preciosismo del color. Otros aman, dicen, el dramatismo del blanco y negro. Ahí jodimos la discusión. A mí el color me parece dramático. Asesino. Mientras que el blanco y negro y sus grises me parece una versión descafeinada de la realidad.
Opine, si puede.

domingo, 8 de abril de 2012

Botando tronos


A mí los tronos nunca me excitaron. Demasiado barroquismo andaluz. Al menos en la versión donde yo lo mame. Que no era más que copia mala de las costumbres del sur traídas por los marinos andaluces. Tuve que esperar muchos años hasta contemplar procesiones minimalistas. La sobriedad nórdica, que es lo que me priva.
Seguimos paseando tronos en procesión. Aunque ahora, de ateos militantes y convencidos, le llamemos otra cosa. Allí está la procesión de los señoritos currantes en el muelle de Den Osse. Jodiendo las manos intelectuales para darle brillo al bote. Adornando el día supremo, en que se le (re)bota para surcar aguas.
Uno tras otro. Cofrades de penitencia que estamos en la semana santísima, aunque ya nadie se acuerde de lo que celebran. ¿O es conmemoran?
Los señoritos pasean sus egos, su estatus, sus pelotazos, sus euros ganados a base de consumirse en horas o segundos. En el mar que siempre estuvo lleno y hoy llenísimo. De barcos. No de peces. Que ya no hay. Es la procesión del desarrollo norteuropeo.
Hay más botaduras. La primera cerveza del año a bordo. Saciarse con elixir rojo proletario versión trapense en vaso de vino francese. Que sabe a gloria. Mientras el frio te penetra hasta lo más profundo de los huesos y el viento aúlla su poder entre los mástiles.
No importa. Amarrado está el trono, que se mece sin costaleros entre las ondas que van y viene. Ya ven, haciendo procesión pagana. Que aquí también tenemos cofradía

domingo, 15 de enero de 2012

Pajareros







Los últimos temporales que han barrido las costas europeas no solo han traído vientos y calamidades: Tejados desaparecidos, árboles caídos, carreteras cortadas, aguas fuera del orden, algún fallecido…Frente al drama, la alegría y diversión de los pajareros; esa tribu que se desplaza silenciosa a golpe de SMS, WahatsApp’s, Twitter’s, tras el pájaro único, distinto, exclusivo.
Yo también fui pajarero. O al menos utilice el sistema para explorar los mejores lugares de las costas de Europa. De punta en punta y tiro porque me toca. Allí, en aquellos sitios imposibles, clandestinos, maravillosos. Donde la naturaleza se mantiene salvaje. Donde El paisaje es todavía naturaleza. Fuera del cemento y, sobre todo, de las masas. Allí se pueden ver los pájaros que nadie ve.
Luego aprendí que delante de tus ojos, incluso entre el alquitrán y el cemento, también hay una jungla, una selva, que se nutre de ello y vive. Aprendizaje complejo que lleva a discutir que solo la conservación de lo perdido es la única opción para sobrevivir.
Aquí los tiene. Holandeses, belgas, franceses, todos colgados de sus aparatos. ¿Que buscaban? El pájaro que no se encuentra. ¿Qué veían? Petreles, pardelas, paiños, algún petrel perdido. Esos pájaros que viven en el océano. Si usted los ve, ya sabe, agárrese que el viento, si no ha llegado, también lo hará volar.

martes, 12 de julio de 2011

Hasta la noche nos han robado


Andaba yo durmiendo cuando la vejiga solicito vaciarse. El volumen de cerveza y la edad ya no permiten virguerías. Saliendo del saco me encontré con la luz del día. Casi. A las cuatro de la mañana. Aquí tienen la foto. Ya no tenemos la negritud de la noche. Con su perdida hemos olvidado los relatos de terror, la santa compaña, los cuentos freudianos necesarios para aprender a dominar la angustia vital. También hemos jodido la literatura universal. ¡Apaguen esas bombillas energúmenos! Son para un cesto. En el resplandor de la noche nos sentimos más seguros. ¿Lo conocen?: – Oiga, ¿que está buscando ahí? – Las llaves, que me han caído – ¿Le han caído aquí? – No, allí en la esquina, pero la luz esta aquí

martes, 28 de junio de 2011

Las curvas del mar


La distancia más corta entre dos puntos es la que te permite salir de A y llegar a B. Los que somos galegos de nazon sabemos que jamás es la línea recta. Para eso hay que tener alma de otras geografías. Eso que allí llaman la meseta, al otro lado la planicie, aquí y allá el páramo, Las maquinas modernas tienen alma de mesetarios. Cualquier GPS se empeña en ir en línea recta si no se le amaestra. Ir a ahogarse en los bajos, desempeñarse por cualquier barranco.
Reconozco la atracción de la línea recta. Si usted se fija en el mar como un plato es difícil admitir que uno tendrá que ir bordeando las boyas para llegar. Lo más complicado, si se fija bien, es que ni eso es suficiente. Esos palos que erectos surgen del agua y que casi ni se ven, no son más que las indicaciones de que allí hace daño. El fondo. El espacio que no se debe penetrar. Luego fíese usted de los derroteros y las cartas marinas. ¿Quién va a fiarse de un aspirante a timonel que ni notas sabe tomar? No se fie, ojo avizor, busque el canal para seguir a flote. Y llegar.

lunes, 27 de junio de 2011

El mar de Grevelingen


No había muchas almas. Solo algún despistado no dispuesto a perder el día por la falta de sol. Gran día. Tampoco había viento. Mal día. Sin viento, mal negocio. Queda sumergirse en el ronronear del viejo diesel, 35 años. Dos vidas y media en el mar. Tampoco estábamos para eso. Como la mayoría de los barcos cultivamos el arte de captar con sutileza la más leve brisa.
No crea que es cosa fácil. Desespera a los apurados que no poseen el toque franciscano de esperar hasta que llegue la buena ola. Tampoco crea que dimos la vuelta a la esquina. Bordeamos todas las islas del mar de Grevelingen acompañados por un sincrónico cambio en la dirección del viento. De arribada incluso nos divirtió con un alegre vivace fuerza tres, para lucirse en la bocanada como merece un lobo de mar hambriento de vino y ninfas. Los dioses, como las meigas, ‘hay los’ aunque no existan.
Por el camino nos olvidamos de las reparaciones pendientes, la espalda que duele, la gotera huidiza. Nos atizamos con arenque del mar de Dinamarca, cerveza blanca de Limburgo, pan de centeno del supermercado de la esquina, cebolla blanca de Tours.
Deberíamos habernos quedado para repetirlo, pero ya saben que mañana sale el sol y el mar vacío se convertirá en la rua real de aquí estoy yo.


domingo, 1 de mayo de 2011

Viento fuerza 6


Hoy, navegando -intento de- en el mar de Grevelingen. Solo los suicidas estaban en el agua. Al fondo la musica del vhf relataba una catastrofe tras otra bajo el lema "Hire
Rescure control..." Era la metáfora perfecta de la política hispana. Mientras, fuimos y volvimos. Comimos pan con tomate y guacamole. Lo pasamos, Anna dice, de carallo. Cinco euros. Tres personas.

martes, 26 de abril de 2011

Navegacion primaveral


Salió el sol. Se acabó el frio. Sacamos el bote del hangar en el que paso el invierno. Limpio, pulido, pintado de fondos, volvió al puerto. Para navegar. La primera navegación de esta primavera. En el Mar de Grevelingen. Zelandia.

domingo, 17 de octubre de 2010

Preparando el invierno


Aprovechando la tarde soleada de domingo, marchamos hasta Port Greve donde estaba atracado el barco. Los recientes robos por cuenta de las bandas de europeos del este, nos han obligado a abandonar el puerto de Brouwers. Se acabo el muelle abierto en el medio del pueblo; donde marinos, mareantes, turistas y comerciantes son actores del espectáculo. La sociedad abierta se cierra ante la amenaza del bárbaro, que en estos pagos no solo es musulmán si no también europeo muerto de hambre. De consumo, no de estomago. Que esa, hace tiempo que la dejaron atrás.
Port Greve es el muelle cerrado. Verja de altura. Pases electrónicos en las puertas. Control de visitantes. Isla de seguridad y relajo en medio de la jungla. Visto desde fuera. Dentro ni te enteras, y disfrutas de la tranquilidad de un buen puerto. Al otro lado, el mar.
Mar de Grevelingen que hoy, en contra de lo que dice el meteo que aquí no se suele equivocar, levantaba olas de poniente con viento fuerza cuatro. Navegamos hasta Brouwers para sacar el barco del agua. Ponerlo en el remolque para llevarlo para casa antes de amortajarlo en su hangar de invernaje. Antes que lleguen las primeras nieves que ya se anuncian.
Tendremos que limpiarlo. Sacarle las algas que acumulo los últimos meses a golpe de chiringazo. Repasar los desperfectos de la madera. Barnizar los mástiles, los remos. Recomponer la cocina, recargar las baterías, limpiar y secar las amarras…Trabajo para las tardes durante una semana.
Llegara el invierno y esperaremos a la primavera para cumplir el ritual a la inversa. Como muchos más, como antes. Solo nos falta un detalle: el Land Rover. ¡Miseria!

domingo, 4 de julio de 2010

Medusas


El día se proponía esplendido: Sol radiante. Viento del suroeste fuerza tres. Agua a 19 grados. De timonel, la ninfa de piernas de gacela, boca de nácar, y lo que no les cuento. Elixires de los monjes bien frescos a bordo. Quesos de abadía. Sardinas en puro oliva. Pan campesino pudiente…
Y el océano lleno de mantos blancos de medusas que no dejaban mojar ni los pinreles. Una plaga. Dicen que por aquello del aumento de la temperatura del mar a pesar del invierno atroz que hemos tenido.
Se irán en agosto. Dicen. Se quedaran hasta la eternidad. Dicen. Los pesimistas. Cada vez hay más. Dicen. Todos.
Hay quien las comparan con las hembras. Son hermosas. Más si las contemplas en el agua. Buceando. Hasta que las tocas y te pican el alma que solo alivia un poco de vinagre autentico. Lo que no siempre es verdad. Como esta de la foto. Que no tiene tentáculos y no pica. Se nutre de algas y otros nutrientes. Solo irrita cuando la tocas demasiado. Cómo las mujeres

miércoles, 5 de mayo de 2010

Enfermos del corazón


Antes de partir hacia Roma me fui a ver en que estado se había quedado el bote después del temporal de hace tres días. Ni planificado. Llegue a tiempo. En el momento preciso. Para cogerlos en la masa.
Allí estaba el, con las amarras de popa tirando. Ella, en la proa, soltando. ¿Qué hace usted con este bote? ¿Su sitio? ¿No me diga? Ni se le ocurra tocarlo…
De repente lo dijo. En escopetazo, Con acento de hijo de puta. Como disculpa de su inteligencia ausente: ¡oiga que soy un enfermo del corazón!
Otro imbécil mas de esa tribu que pasea su miseria imaginaria solicitando derechos que no tienen pero reclaman. Siempre acompañados de una hembra podrida con alma de enfermera redentora. Ellas que cuidan el vacio inexistente. ¡No le diga nada que le sube la tensión y le puede dar algo grave! Carta blanca para seguir de parasito. Pues que le de señora. Debería agradecerme que la libere de semejante cretino. Hace que no entiende de que va. Puro masoquismo lo suyo y no la fusta de sm.
Al final compran con teatro barato lo que pagamos todos: una plaza de aparcamiento para minusválidos en primera fila. El mejor acceso a cualquier sitio. La vista excelente. El lugar más tranquilo.
Quien le cuenta a uno de estos miserables que la mejor terapia para bajar su cardiopatía es moverse?

jueves, 29 de abril de 2010

Navegación número dos


Despertamos con sol y silencio. El mar como un plato. El parte dice que va a llover y levantarse viento fuerza cuatro a cinco, del sur. Nos regalamos con te a la menta ya que la cafetera se quedo en casa, acompañado de barras de musli que saben a gloria. Ni señales de los lobos de mar. Parece que alargaron la noche en la barra de Perry’s.
Aparecen los primeros buceadores, a la búsqueda de centollas. Decidimos partir rumbo a Archipel. Tres islotes en medio del mar de Greveling donde estas resguardado de cualquier viento. En el camino elaboramos la comida. Garbanzos a la pescadora. Por ponerle un nombre. 
De arribada comimos. Acompañándonos con la primera cerveza del año. Embarcada. Sabia a gloria. Gloria era también que había pocos barcos. Silencio. Hijo tres intenta pescar nécoras con salchichón francés. Un fracaso. ¿Sera que no les va el aroma gabacho?
Al mediodía se levanto el viento y el cielo se empedró. Gallego militante – ceo empedrado chan mollado- partimos hacia Brouwershaven. No vaya a ser que se nos moje el piranjallo. Lentamente hicimos millas en un mar vacio. Todos se habían marchado ya para casa. Navegando escuchamos por la radio el nuevo parte meteorológico. La lluvia y el viento fuerte se atrasa hasta la noche. ¡Fíate de los meteorólogos!. Cuando arribamos lucía el sol.