lunes, 20 de septiembre de 2010

Piratas


Si usted todavía es de los que cree que piratas solo los hay en aguas de Somalia, o disfrazados de políticos en Valencia y otras tierras de España, está usted equivocado.
Me lo encontré a la altura de Fort Boyard, frente a las costas de Oleron, cuando navegaba hacia La Patria.
Todavía hay quien cree en la libertad de elegir. Eso sí, con bandera. Ya que, sabrán ustedes, con ella no comes pero sin ella te devoran.
¿O era la infancia?

domingo, 19 de septiembre de 2010

Covas con v, Cobas con b


Covas, con v, es una aldea al norte de Ferrol. En Galiza, que muchos llaman Galicia. Allí viven esparcidos por distintas parroquias campesinos que cultivan ricas tierras. Mas desertores del arado que cultivan el paro de la industria naval ferrolana. Abundantes casas vacías en invierno levantadas con mal gusto para pasar veranos que a veces hay y a veces se esperan. La pandilla de los surfeiros que recorren las muchas playas de la costa salvaje a la búsqueda de la ola perfecta que allí, seguro, no llegara. (¡Si viene será en Pantin!). El mejor camping de la zona. Primitivo, perfecto. Un cabo, Prior, donde puede contemplar la esencia de la vida, extasiarse, prometer amor de por vida, o si le da, practicar el suicidio perfecto…
Allí fui, de vuelta por La Patria. ¿La infancia?
La primera confusión fue encontrar letreros de Cobas, con b. Las banderas de la escuela de surf, para aprendizaje de los niños ferrolanos se anuncia con B. El camping maravilloso, degradado inmediatamente, se anuncia con B. El supermercado se anuncia con b… Cobas con b era, es, un producto de los muchos años de invasión del nacionalismo español que destroza todo lo que le resulta extraño. Nos contaron hace tiempo que por ley le devolverían a los pueblos, a las gentes, los nombres de siempre: Covas con V. Es mentira. Allí, en sus cabezas, El Cobas de los burros, con b de bestias, sigue cultivándose

sábado, 18 de septiembre de 2010

La Patria


Baje a La Patria. He vuelto. Cuatro semanas de navegación reposada. Al sur lleno de preas y turistas. La Patria, con mayúsculas, es esa cosa que usted debe amar. Dicen los libros de formación del espíritu nacional, viejos o modernos. Que usted no sepa muy bien lo que es, no importa. Ellos, los que se nutre de La Patria, ya se encargaran que lo sienta cuando juegue la Roja, gana Fernando, o cualquier otro acto heroico de los juglares y titiriteros modernos. Le regalaran una erección potente que deberá pagar a su debido tiempo. ¡Nada es gratis en la vida, hermano!
Los viejos anarcas odian las patrias. Las del capital. Modernos avant la letre, nos contaron que teníamos que ser cosmopolitas. Solo sirvió para ser fácilmente derrotados, ya que defendían la abstracción del concepto en vez de la vida de sus tierras.
Se equivocaron. La Patria es la infancia, decía Savater. Antes que le menguara el cerebro. Cuando no reivindicaba la tortura del toro ni legitimaba el exterminio cultural de los pueblos ibéricos por el imperialismo español. También se equivoco. La infancia es un recuerdo falso, fabricado a base de la memoria mentirosa. La infancia que tenemos en el recuerdo jamás la vivimos. Haga la prueba, vuelva como yo y toque. No hay nada. No hay nada, no se encuentra. Nadie sabe de ella.
La Patria, la infancia, estaba llena de preas que hablaban el idioma de los otros que han hecho de ellos. La Patria estaba llena de toreros, horteras plagiadores en una tierra que siempre trato con mimo a los animales. La Patria abandono colectivamente en panteísmo en el que milito siglos para arrojarse a la nada del todo vale.
¿Es el progreso televisivo? ¿La falta de cultura? ¿La incapacidad manifiesta de la elite? ¿O padezco, simplemente el síndrome de Ulises? Mientras lo repienso, me refugio en mi puerto nórdico, donde al menos a los corruptos se les expulsa del paraíso.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Aeropuerto de Bruselas


Volví a casa. Volando. Sentado al lado de la ventanilla del avión. Lo que detesto. Esta vez no había asientos libres al pasillo. Decía el tipo del mostrador. Vete tú a saber.
Para compensar me dedique a contemplar el paisaje. Allá lejos. A tus pies. Intentando adivinar la geografía. Arte complicado. A no ser que llegues a Ámsterdam y te veas los canales holandeses. Bruselas, mi destino esta vez, era harina de otro cantar. Imposible de saber donde comienza. Si contemple la costa gallega, el paso por el Cantábrico. Entrar por algún punto de la costa bretona (¿). ¿Quién sabe?
Llegamos a Bruselas. Un cómodo aeropuerto europeo. De tamaño aceptable. Donde hay de todo. Desde donde se puede ir a todos los sitios. Volvimos a casa. A una de nuestras múltiples casas. Lo conocido. Donde nos encontramos, eso, como en casa

lunes, 2 de agosto de 2010

Tranvias portugueses


Uno, que pertenece a la cofradía de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue peor, detesta la nostalgia. Lo que no impide que de vez en cuando le den ataques de la misma. Paseando por la ribeira porteña, bajo un sol asesino, a la búsqueda de un taxi salvador, dimos de bruces con el tranvía que en otros tiempos te llevaba de Porto al Maroceano. Hoy te sigue llevando. En un recorrido raquítico para turistas y nostálgicos. A ritmo de Concorde. Se niega a parar donde no hay parada. Ya no se detiene para que podamos dar unos tragos de agua en la fuente. Ni esperar a que suba la pescantina que vende sardina y cuerpo. Ya no frena ante la señorita. Ni carteristas siquiera lleva. Va vacio. Con la crisis marcho el ultimo turista. Eso: cualquier tiempo pasado fue peor.

domingo, 1 de agosto de 2010

Duero arriba Douro abajo


La geografía francofascista nos hacia aprender los ríos inmensos de España y sus afluentes margen derecha e izquierda. Empecé a desconfiar cuando cruzando aquella Castilla miserable y ardiente un verano de ya no me acuerdo en el Seat 1500 de mi sr. padre, descubrí que, uno tras otro, de aquellos imponentes ríos no eran mas que regueiros sin agua. El Eume llevaba mas metros cúbicos que cualquiera de aquellos cauces de nombre imperial vacios . Por no mentarles al padre Minho que unía cuando lo cruzábamos a comprar el café de Angola en las tiendas de Fortaleza, diga usted Portugal.
Aprendimos antes lo que era el Douro, la patria del vino, que el Duero, que no nos decía nada, tan lejos, ¿llevara también agua?
Hoy volví a patear por la ribera del Douro. Donde ya no hay la vida que también retrataron los azulejos de la estación del camino de hierro de Porto, Oporto para usted, castellano parlante. Pero queda la esencia tecnificada por la modernidad. En las nuevas uvas, los nuevos vinos, las nuevas cosechas. Los portos eternos. Si tiene tiempo vaya a Porto y mire la costa. Pero no deje de subir rio arriba. A contemplar las terrazas llenas de uva, de vida.



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