viernes, 22 de enero de 2016

Las Mezquitas de Córdoba





El titulo de este texto no es una falta de ortografía. Es la definición correcta de la realidad. La Mezquita de Córdoba como tal es el acumulo de unos cuantos proyectos distintos, con mayor o menor conexión, que se realizaron en un espacio de tiempo largo. Jamás existió una visión conceptual para hacerlo como ha quedado. Si las sucesivas ampliaciones y añadidos han conseguido una homogeneidad asombrante ,exceptuando el esperpento católico, es solo debido al buen hacer de sus distintos constructores.

Esto no es nada nuevo. Las grandes catedrales europeas tardaron en su mayoría algunos siglos en ser acabadas y el resultado final es un acumulo de planos y añadidos que en las buenas construcciones les dan una unidad que se transmite en belleza.

Wikipedia nos ofrece un texto tan políticamente correcto como lleno de interpretaciones discutibles sobre la mezquita. Pero si quiere ilustrarse sobre las distintas fases de la construcción de la mezquita y sus ampliaciones le servirá de guion básico.

La mezquita hay que verla por dentro pero también por fuera. Puede empezar por donde le venga en gana. Le recomiendo dejarse llevar por los rayos del sol. El interior de la mezquita resulta hermoso en las primeras horas de la mañana. Encontrara ademas pocos turistas. Con el sol naciente y las múltiples penumbras entre los arcos. El patio central, las murallas y sus puertas deben visitarse bajo los rayos del sol de medio día.

No se pierda y declare el amor a cualquier ninfa/o bajos los naranjales del patio central. Aquello no fue hecho para la oración. Si acaso el retiro. Es erotismo puro. Mas debió serlo en los tiempos en los que el agua corría entre los canalillos y sus fuentes. Ahora con tanto prostático que goteo esto ya ni eso hacen.

Recorriendo las murallas y las puertas de la mezquita debe buscar la puerta de los Visires o puerta de Bab al-Wazara. Aunque ahora se empeñen en llamarla la puerta de  San Esteban. Construida en el siglo VIII por Abderramán I fue reformada por Muhammad I en el año 855. Es la puerta más antigua de todo el edificio, modelo para el resto de las puertas construidas en época musulmana. Entenderá el resto de las puertas. Distintas todas.

Una vez dentro, piérdase por la antigua parte musulmana. La que sigue conservando las columnas vírgenes como en su tiempo y quede extasiado ante el maqsura y el mihrab. No hay mas. El monstruo esperpéntico católico de mediocre aspecto renacentista sigue alli como metafora del bodrio ese que a fuerza de martillo construyeron los poderes imperiales: España.

Si le da el mareo, salga por la puerta de los Deanes, y alli enfrente, el mejor hotel, barato, y las mejores tapas, igualmente baratas, de la ciudad





jueves, 21 de enero de 2016

Si va a Córdoba visite la mezquita y olvídese de la catedral




Se repite hasta la saciedad aquello de que la historia siempre la escriben los vencedores. No es siempre cierto. La historia la escriben los que detentan el poder. Que no siempre son los que ganan. Pero no siempre es la que queda, la que el pueblo transmite, y mucho menos la que en el tiempo, en el devenir de la propia historia perdura.

Los mangantes  del cabildo cordobés argumentan para justificar la destrucción parcial de una de las mezquitas mas hermosas del universo que aquellos construyeron la mezquita sobre una iglesia visigoda. Se admite la posibilidad. De que alli antes hubo otras cosas. Alguna vez fue también tierra pelada o un campo de alfalfa. No por eso convertimos la mezquita en tienda de hortalizas.

Alli se construyo una mezquita que fue y sigue siendo un monumento único para la humanidad. Alli la curia ilustrada destruyo en parte la mezquita para levantar un bodrio cristiano después de hacerse con el permiso del emperador Carlos primero. Contra la opinión manifiesta del consistorio cordobés. Aquellos cordobeses lacayos del poder ya conocían las acciones de los padres de la iglesia. De nada les sirvió. Maltrataron la mezquita pero perdieron la guerra. El emperador visto la infamia confeso arrepentimiento eterno por haber facilitado esta. “Habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes”. Tarde piaches dicen los gallegos.

Hoy siguen manteniendo las prebendas. Apoyados en las provocaciones de los igual de montaraces islamitas que perdieron hace siglos lo que alguna vez levantaron. Los turcos ya demostraron con buen hacer cual es la solución en estos casos con la Santa Sofía de Constantinopla o Estambul o Istambul si usted prefieren: Ni para unos ni para otros. Monumento publico sin capacidad para el culto y contemplación eterna de lo que el pueblo quiere ver: la hermosura de una arquitectura levantada para demostrar el poderío del señor de turno.

Si tiene paciencia le contare uno de estos dias lo que por dentro y fuera debe de ver.




Las lujosas librerías de viejo ginebrinas



Ginebra es lugar de trabajo para la mayoría de los mortales. Incluso para los esbirros del capital que encorbatados se matan por sobrevivir en el mundo de las finanzas. No piense que porque lleven corbata y cuello de camisa versión aeroplano son todos ricos. La mayoría bajan de los autobuses que los traen de la periferia.

Pasta alli si hay. La suelen tener en abundancia los que vienen de fuera. Esos que se alojan en sus ricos hoteles en la ribera del lago Leman. El pueblo proletario se pasea en el verano entre los lujosos autos que les aparcan hieráticos porteros uniformados de invierno, sin saber que forman parte del espectáculo. Los unos y los otros.

Alli es a donde van la masa de turistas. Esos que no pasan de tomarse una cerveza barata en los cuchitriles del malecón, mientras los parias africanos exhiben sus músculos y las rubias locales los miran con avaricia y sin ganas.



Un error. En Ginebra, viajante, viajero, turista, obrero o negociante, debe patear la zona vieja. Esa que todavía conservan. Emparedada entre el distrito de los banqueros, el Ródano, las calles con  comercios de lujo. Rodeando a la catedral y el viejo ayuntamiento. Con sus galerías, sus casas de subastas, sus anticuarios de rico, sus librerías de viejo.


Las librerías son un caso aparte. Ginebra se hizo rica no por arte de magia ni inspiración divina como suelen creer los educados en la cultura católica. Dios, que no existe, no da ni la hora. El éxito les viene de un cura. El señor Calvino. Un tipo ayatola, reprimido, que vendía una versión pura, ortodoxa, de vivir a base de escornarse y juntar hasta llenar la bolsa vaciando la vida. Tuvo éxito. Llego justo en el momento en que el burgo necesitaba afianzar su hegemonía frente a otros cantones suizos y consiguieron mantener la independencia de la ciudad cantón que Ginebra realmente es. La obligada lectura de la biblia que imprimieron los calvinistas entre seguidores afianzo la lectura entre estos pueblos. Lea acrecentó la cultura. Entreno la capacidad de pensar, Enriqueció las discusiones, el pensamiento.

En Ginebra se sigue leyendo. En Ginebra todavía hay primorosas librerías de viejo que venden joyas de libros a todos aquellos que aman el papel. Ni a usted ni a mi nos llegan los doblones para comprar alli mucho. Pero por mirar no cobran. Por tocar menos. Los libreros suizos son unos tipos educados que atienden a sus clientes. Entra dentro del negocio exhibir lo que venden. Por eso si patea aquellos pagos, deje los relojes de oro y diamantes que nunca va a poder comprar ni tocar, y al menos  contemple los gravados de Le jardín parfume, manuel d’erotologie árabe de Cheikh Nefzaoui en su primera edición de 1886. Prendera muchas cosas sobre sus arrebatos, por ejemplo.