domingo, 10 de febrero de 2013

El Jordaan de Amsterdam

 

 

Fue construido para el lumpen. Es de lo que hoy en día viven. Mientras que el resto de los canales del centro de Ámsterdam presumen de su amplitud, el Jordaan fue levantado en el raquitismo. Estrechas calles, más estrechas casa, aguas insalubres cuando no había cañerías. Centro de protesta y contestación. Cuna de enfermedades y mal vivir.

Hoy está poblado por la pequeña burguesía pudiente en intelectual. Con comercios alternativos, caros, algún artista, dos anticuarios, tiendas para el turista ilustrado, mucho bar, unas cuantas galerías, las tiendas de lo vendo todo, el 24horas de siempre, mas bares, mas tugurios. Incluso en los lindes algunas explotadas se anuncian detrás de los escaparates. Esas esclavas que tantas risas y aspavientos originan a las burguesas hispánicas votantes de la consorte. Las unicas que siguen viajando como si nada estos días.

No crea que allí solo hay turistas. El público mayoritario sigue siendo local. A las horas en los que holandeses acuden a los bares. Siempre después de las siete de la tarde. O la hora del bocadillo al mediodía. Las doce en punto y no un minuto más. Que el estómago no perdona.

Si va, cubra la espalda. No me refiero al carterista, que los hay como en todas partes. Me refiero al ciclista de Ámsterdam. Ese tipo/a desquiciado, que pedalea como si le persiguiera la muerte. Que aunque lleve frenos no pierde el tiempo en usarlos, convencido de su razón y su ego. Insultante en sus apreciaciones sobre sus, los suyos, hábitos. Si no se aparta se lo llevan al hospital.

Es el único inconveniente de unas calles que se prestan a ser bien pateadas y miradas. Deberá usted hacerse disciplinado. Vuélvase temporalmente nórdico.

Por cierto, ¿se ha fijado en el cafe? El mejor de la zona. Con café exquisito y mejores bocadillos. Eso sí, no busque amabilidad en sus camareros. Eso en el Jordaan de Ámsterdam, sin paro, nadie sabe lo que es.

 
 

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