domingo, 20 de abril de 2014

Empalmes ginebrinos


Todo político que no sabe que hacer monta un museo de altura. La altura viene por el edificio. De bandera. Cuesta tanto que no da para comprar colección para enseñar. Pero eso es lo de menos. En los tiempos que corren la pintura favorita del pueblo votante es digital y a  eso se le llama tv plasma.

No se confunda. Puede encontrarse con estos relicarios de la nada en lugares donde si hay mucho que ver. Le pongo el ejemplo de Compostela. Donde los lumbreras del PP, para competir con la catedral a donde vamos todos, se gastaron la pasta en la “Cidade da Cultura” a donde, con sentido común , va nadie. Ya que ni ciudad ni cultura es. Tan solo dispendio.

Hay otros casos más complicados. Los ginebrinos se han montado en medio del lago un piranjallo eyaculador. Un chorro de agua que en vez de semen esparce agua a la nada, al viento, al ego: somos toda una potencia. ¿De la nada? ¿O de la pasta que guardan por doquier?

Nos inclinamos por lo último. Andar presumiendo de los billetes que se tienen a demás de no ser útil va reñido con el calvinismo ideológico de los banqueros. Puesto a exhibirse, tarea necesaria en la postmodernidad, no hay mas que recurrir a una metáfora de la testosterona. Ya sabe, el juego aquel de niños de a ver quien mea mas lejos.

Lo maravilloso no es la altura. Es que les ha salido por dos francos. Barato a matar. Y todos le hacen fotos y lo admiran: ¡que potencia mental!


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