Literalmente. Ayer llegaron las papeletas que solicite para ejercer mi derecho como ciudadano de mi infancia, eso que muchos llaman patria. Aunque hace casi treinta años que pago impuestos en otra región de Europa. Hace tiempo, con un titulo de Compostela universidad en el bolsillo me fui a ver los paraísos del norte y me quede por aquí.
Allí, aquí, aprendí muchas cosas. Aprendí que democracia
es expulsar y encarcelar a cualquier político que meta la mano en la caja. Aprendí
que un pueblo educado jamás vuelve a votar ni a mangantes ni a mentirosos.
Prometer y no cumplir se paga por estas tierras caro en las urnas.
Aprendí que las absolutas pertenecen a las dictaduras de la mayoría. Las que originan represión e intolerancia. Por esos los gobiernos en el país donde vivo no son bipartitos. Son tri o pentapartito. Son gobiernos labrados con el compromiso de entenderse. De buscar puntos comunes, de no creer mucho en la verdad absoluta, de saber que la mejor parte de los caminos suele ser por donde vamos todos.
Aprendí que los ególatras y las heroínas están bien en el teatro pero jamás dan de comer. Aprendí que dos y dos son cuatro. Y no, ten días. Aprendí que el insulto como arma política se vuelve contra el que lo emplea. Aprendí que los pueblos letrados aprecian la discusión pública y abierta de sus representantes. Frente a los que evitan el debate y se esconden tras la mentira, en el país en el que vivo los lideres políticos discuten antes de las elecciones un día si y otro también, sin excluidos, sin manipulaciones.
Aprendí que las absolutas pertenecen a las dictaduras de la mayoría. Las que originan represión e intolerancia. Por esos los gobiernos en el país donde vivo no son bipartitos. Son tri o pentapartito. Son gobiernos labrados con el compromiso de entenderse. De buscar puntos comunes, de no creer mucho en la verdad absoluta, de saber que la mejor parte de los caminos suele ser por donde vamos todos.
Aprendí que los ególatras y las heroínas están bien en el teatro pero jamás dan de comer. Aprendí que dos y dos son cuatro. Y no, ten días. Aprendí que el insulto como arma política se vuelve contra el que lo emplea. Aprendí que los pueblos letrados aprecian la discusión pública y abierta de sus representantes. Frente a los que evitan el debate y se esconden tras la mentira, en el país en el que vivo los lideres políticos discuten antes de las elecciones un día si y otro también, sin excluidos, sin manipulaciones.
En el país donde vivo, el pueblo se divide en partes
iguales entre derecha e izquierda. Una vez se junta los de más aquí. Otra vez
los de mas allá. Con el contrario te vas de cervezas. Ya que mañana será tu
amigo necesario. Así se aprende el arte de la tolerancia.
En el país donde vivo, más de la mitad de mi sueldo, el
55%, se lo lleva hacienda todos los meses. El que trapichea, paga. Siempre. No,
de eso nada. No es lo que usted piensa. El colegio es gratis. Los libros también.
Las tasas de la universidad simbólicas. La ultima corredoira a ningures esta
perfectamente asfaltada. Las autopistas sin peaje ni baches. Las señales cada dos
metros. El medico te atiende siempre. Listas de esperas no conocemos. Los
trenes llegan a la hora. Salen al segundo. Las bibliotecas están siempre
llenas. De libros, de público. En cada esquina hay instalaciones donde
hacer deporte. El que no trabaja es por que no quiere. Cualquier titulado
encuentra trabajo. Por eso pagamos. Todos.
En el país donde vivo hay problemas ya que habas cuecen
en todos los lados. Pero jamás he vistos perros policías masacrando sin límites
a los que reivindican sus derechos. En el país donde vivo no se tortura a
sindicalistas por decir verdades a los políticos. Esos, que van a pie o en
bicicleta al parlamento, que se paran a atender una pregunta, ya que saben que están
para eso: servir a los que les han escogido, a los que les pagan.
Como europeo militante, sigo pensando que lo que aquí se
construyo también es posible en las tierras de mi patria. Solo se necesita que
alguna vez, tras un acumulo de fuerzas, escojamos a aquella gente que practique
la defensa a ultranza de lo que es nuestro. Lo material, lo cultural, la
identidad. Es un dicho irlandés: de una bandera no se come. Sin ella, te comen.
Hoy vote a los que una vez mas levantan la bandera de mi infancia, mi patria: Eu voto BNG!