miércoles, 19 de mayo de 2010

Entrada triunfal en Roma

Encontramos donde aposentar nuestro petate gracias al Tomtom, la intuición, las carreteras vacías a la hora de la comida.
Montamos el campamente rápido. Acostumbrados como estamos a la trashumancia. ¿Que les parece? Idílico, ¿no?


Mas tiempo llevo dar con la estación de tren que nos llevaría al centro de Roma. Lo de estación es un proyecto que algún día se realizara, dicen los tablones apuntillados a una verja rota. De momento se queda en apeadero con olor a orines, grafiti como arte, En consonancia con los vagones. Eso sí, aquí como en el pueblo, el tren espera si te ve llegar corriendo. No como los hijos de la Renfe que todavía creen que la puntualidad es joder al prójimo. Más que eso: el maquinista se baja presto a sacar el musculo necesario para subir al usuario en silla de ruedas al vagón. Que rampas modernas no tenemos pero amor al prójimo y soluciones rapidas a problemas esenciales, lo que usted quiera.
Llegamos al sur, hermano.


Entramos por la estación de Flaminio frente a la plaza del Popolo, pueblo. ¡Ojo a los carteristas! Nos estaban esperando. Los unos y los otros. Los otros pueden verlos en esta foto. La banda de música de la guardia urbana del ayuntamiento de Roma. A toque de marcha fascistoide nos da la bien venida. Igual que los domingos de todo el año en Compostela Capital. A donde íbamos a captar el culo de las hembras endomingadas antes de darnos a la taza de ribeiro con patata picante en el Pataca. Permitame que me ponga nostálgico. Me estoy volviendo viejo. La emoción me partió por segundos el alma.


Hasta que le vi la cara al dirigente. Gesto adusto de emperador romano. Quedaría perfecto en un drama viscontiano disfrazado de obrero comunista. Igual papelón haría vestido de general fascista en un peliculón de Fellini.


Total, que a ritmo de canticos napolitanos nos fuimos a atizarnos el primer helado antes de postrarnos a los pies de Cesar ante el Coliseo: ¡Ave Cesar, los que están dispuestos a seguir disfrutando de la vida mientras el cuerpo resista, te saludan!

martes, 18 de mayo de 2010

Curso de sobrevivencia en las autopistas europeas


Cansados de aguantar parásitos, sufridos, catetos, estúpidos, hambrientas de atención, idiotas varios, etc. Cansados y doloridos del atracón final de trabajo para tener el camión –casi- a punto. Partimos hacia Roma.
Con calma. No la nuestra, que no tenemos, si no la que impone la modernidad de las autopistas del desarrollo europeo.
En Holanda ruedas en fila permanente e interrumpida. En Alemania se cambia a la fila por etapas. Km lento, km más lento, km lentísimo. Aderezado aquí y allá de par km en los que los suicidas pueden poner sus bólidos a 180. Cada vez menos. Los espacios. Que suicidas en BMW y Mercedes sigue habiendo a mazo. Ahora han complicado la cosa dejando que los firmes de las carreteras se pudran. No se trata de baches o agujeros, que los nórdicos no estilan, si no simplemente de asfaltado pasado.
Los suizos se han gastado el presupuesto en mejorar la seguridad de sus abundantes túneles. Lo que se agradece cuando hay accidente. Por eso no protestaremos mientras vamos dando botes entre asfalto caducado.
Lo de los italianos ya es otra cosa. Le llama autopista, y cobran, a una carretera de dos carriles estrecha, curvada y peligrosa, llena de unos tipos que hacen todo lo que el resto de los mortales consideran una temeridad. No, no les hablo de que todos van colgados del móvil mientras gesticulan. Tampoco que ruedan por el medio, ancha es la mía. Menos que paren donde les da en gana. Pecado venial que adelante por la derecha… Se les perdona lo que sea menos el daltonismo crónico que todos ellos padecen: ¿Parar en rojo? ¿Para qué?
A pesar de todo llegamos.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Enfermos del corazón


Antes de partir hacia Roma me fui a ver en que estado se había quedado el bote después del temporal de hace tres días. Ni planificado. Llegue a tiempo. En el momento preciso. Para cogerlos en la masa.
Allí estaba el, con las amarras de popa tirando. Ella, en la proa, soltando. ¿Qué hace usted con este bote? ¿Su sitio? ¿No me diga? Ni se le ocurra tocarlo…
De repente lo dijo. En escopetazo, Con acento de hijo de puta. Como disculpa de su inteligencia ausente: ¡oiga que soy un enfermo del corazón!
Otro imbécil mas de esa tribu que pasea su miseria imaginaria solicitando derechos que no tienen pero reclaman. Siempre acompañados de una hembra podrida con alma de enfermera redentora. Ellas que cuidan el vacio inexistente. ¡No le diga nada que le sube la tensión y le puede dar algo grave! Carta blanca para seguir de parasito. Pues que le de señora. Debería agradecerme que la libere de semejante cretino. Hace que no entiende de que va. Puro masoquismo lo suyo y no la fusta de sm.
Al final compran con teatro barato lo que pagamos todos: una plaza de aparcamiento para minusválidos en primera fila. El mejor acceso a cualquier sitio. La vista excelente. El lugar más tranquilo.
Quien le cuenta a uno de estos miserables que la mejor terapia para bajar su cardiopatía es moverse?

domingo, 2 de mayo de 2010

Avances del proyecto número seis




No se crean que con estos viajes de burgués profesional que me he echado, y las primeras navegaciones, tengo el proyecto numero seis abandonado. ¡Faltaría mas!
Como galego de nazon le tengo tirria militante a esos hijos de puta que planifican y te dejan varias generaciones con el pavimento levantado, mientras se embolsan uno detrás de otro el presupuesto nuevamente revisado. Ni los romanos tardaron tanto de dotarnos de autopista o ave de corredoira.
Mi camión casi está listo. Tanto que el próximo viernes partiré con la tropa rumbo Roma, donde el lunes tengo una cita para ver la capilla Sixtina.
Para salir a la carretera solo le queda montar la escalera al techo, mañana, y colocar el mueble de cocina, pasado.
A la vuelta acabaremos de aislar la parte posterior para los fríos nórdicos. Y listo.
Eso si las hembras no nos dejan en la estacada. Usted ya sabe. Son capaces de hacer cinco cosas al mismo tiempo pero totalmente incapaces de planificar una tarea tras otra para no angustiarse de que no les llega el tiempo que ya no tienen para acabar lo que jamás debieron decir que harían. Así salen las cosas.
No puedo garantizarles que llevemos las cortinas colgadas, ni que el colchón no tengamos que cubrirlo con una sabana vieja. Lo que si llevo, seguro, es una nueva nevera que enfría a gas y/o electricidad para darme al vino blanco bien fresco. O el Porti Poti para que las niñas evacuen sus aguas sin hacerme parar en cada esquina.
La izquierda no pensante mantiene que es un problema de educación. O simplemente lo niega. Los pensantes, que también los hay, saben que es un problema biológico. Donde no hay no sale nada.
Les confieso que aparte de currar todas las tardes a la salida del trabajo, como ejercicio de relajación física, después de cinco campers uno sabe algo. Todos aquellos trucos los aprendí a fuerza de golpes y errores. Ya no me dejo engañar por fuegos artificiales. A golpe de repuesto sé lo que dura y lo que es pijada de diseño. Igual que en el mar lo básico es lo eterno. La sencillez no se estropea. Sin electrónica nada te deja en la estacada. Todo lo mecánico se puede reparar. Todo lo eléctrico, ten días.
Vamos, como el sexo, los mejores polvos son aquellos menos elaborados. Los que no se esperan.

viernes, 30 de abril de 2010

Discurso contra la tiranía del viento, y demás


Antiguamente había marinos, marineros y mareantes. Luego pasaron a mercantes, el que vale vale y el que no para la marina, y yachtmen. Jodimos la cosa cuando llego lo de patrones de embarcaciones de recreo, embarcados y suicidas.
Todos ellos fueron, son, y serán, víctimas de la tiranía del viento. Los Yachtmen, con vena masoquista. Disfrutan, dicen, de navegar dejándose llevar por la neurosis de Eolo. Que por joder, pertinentemente, siempre sopla del lado a donde pensábamos ir.
Los mareantes y esforzados se tiran en esos casos al remo. Un calculo elemental demuestra que la quema de calorías necesaria para avanzar una milla no está en proporción lógica con los resultados. Pero el hambre mata más.
El resto, grito hace tiempo, que con la llegada del motor se habían liberado por fin de la tiranía del viento. Lo siento señores: Homo sapiens non mexa contra o vento. Puede que ustedes no lo noten pero sus pantalones están mojados. ¿Han visto ustedes a qué precio está la gasolina? Todo lo mas han cambiado de tirano. Me quedo con Eolo. Ese al menos nos deja remar.

jueves, 29 de abril de 2010

Navegación número dos


Despertamos con sol y silencio. El mar como un plato. El parte dice que va a llover y levantarse viento fuerza cuatro a cinco, del sur. Nos regalamos con te a la menta ya que la cafetera se quedo en casa, acompañado de barras de musli que saben a gloria. Ni señales de los lobos de mar. Parece que alargaron la noche en la barra de Perry’s.
Aparecen los primeros buceadores, a la búsqueda de centollas. Decidimos partir rumbo a Archipel. Tres islotes en medio del mar de Greveling donde estas resguardado de cualquier viento. En el camino elaboramos la comida. Garbanzos a la pescadora. Por ponerle un nombre. 
De arribada comimos. Acompañándonos con la primera cerveza del año. Embarcada. Sabia a gloria. Gloria era también que había pocos barcos. Silencio. Hijo tres intenta pescar nécoras con salchichón francés. Un fracaso. ¿Sera que no les va el aroma gabacho?
Al mediodía se levanto el viento y el cielo se empedró. Gallego militante – ceo empedrado chan mollado- partimos hacia Brouwershaven. No vaya a ser que se nos moje el piranjallo. Lentamente hicimos millas en un mar vacio. Todos se habían marchado ya para casa. Navegando escuchamos por la radio el nuevo parte meteorológico. La lluvia y el viento fuerte se atrasa hasta la noche. ¡Fíate de los meteorólogos!. Cuando arribamos lucía el sol.

miércoles, 28 de abril de 2010

Navegación número uno


Partimos ya tarde de Brouwershaven. Arreglar la intendencia de un barco después de un invierno de reposo y frio consume muchas horas. Tras la elaboración de listas interminables con latas de sopa, sardinas, cerveza, galletas, agua, café, azúcar, aceite, limones, papel de cocina y del otro, etc, etc, hay que comprarlo todo. Poca cosa. El mayor tiempo se consume en alojarlo con orden en la sentina. Sabiendo luego donde esta todo. Cuidando que la cerveza se conserve fresca y las galletas secas. No olvidar las cerillas. Ni el mechero. ¿Dónde puñetas guardaste el abrelatas? ¿Qué te has olvidado la cafetera? ¡Te tiro a los tiburones que no hay!
Todo en su sitio y repletos de combustible, no vaya a ser que el viento aproveche los primeros calores y también vacacionee, partimos con viento portante hacia el muelle de West Repart a donde muchas veces fuimos y jamás llegamos. Llegar. Arribamos después de navegar relajadamente mientras que ajustábamos cabos, velas, anclas, y demás útiles e inutilidades que trasporta un barco.
West Repart es un minúsculo muelle frecuentado por lobos de mar solitarios belgas y alemanes. Esos tipos desahuciados por sus hembras, familia y demás parentesca. Los modernos autistas que gastan los euros en cultivar sus containers flotantes mantenidos con el sueño de que algún día darán la vuelta al mundo.
Que no salgan de la esquina no es importante. West Repart es una de las ultimas fronteras antes de llegar al paraíso inexistente de las arenas del agujero de Brouwers, donde reposan las focas verano e invierno.
De arribada, tras cruzar la carretera, te encuentras de bruces, entre las dunas, con Perry’s. El mejor chiringo de la costa del Mar del Norte. ¿Sabe usted que se hace en Perry’s? Beber vino gallego, agua gallega, cerveza blanca alemana; contemplar niñas en flor, burgueses, pudientes, ex hippies enriquecidos, piratas de lujo; zamparse la mejor costilla de cerdo del país mientras se cuentan olas durante la puesta del sol… Por 17 euros.